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Viejo 08-June-2011, 16:23
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Arrow La politica:que es,que no es;como,cuando ,porque existe

La palabra "Política" proviene del vocablo griego polis que, esencialmente, significa "ciudad" y, por extensión, "asentamiento permanente de seres humanos".


La Historia nos relata que la estructura política de la antigua Grecia se hallaba construída sobre la base de pequeñas comunidades, altamente independientes y virtualmente soberanas, nucleadas alrededor de los más importantes centros urbanos. La urbe, es decir: la polis, se convirtió así en la unidad orgánica esencial de las comunidades aglutinadas a su alrededor. En consecuencia, toda la actividad relacionada con la organización de esas comunidades se refería principalmente a la polis misma. De allí el nombre de política que se le dio a la ciencia, estudio o tratado relacionado con la vida de la polis.


En ese ámbito de comunidades reducidas y en gran medida independientes, la ciencia política no podía pasar de ser una disciplina que analizaba (en forma más o menos sistemática) las estructuras que regulaban la vida social de la época. De hecho, para los griegos, Política, Ética y Economía formaron parte de lo que llamaron la "filosofía práctica".


Debe destacarse, sin embargo, que desde la óptica política de los griegos de hace más de 2.000 años atrás, resultaba igualmente válido basar la especulación política sobre hechos abstractos que fundamentarla en hechos concretos. La clásica disputa de Platón y Aristóteles es, probablemente, el mejor ejemplo de ello.


Mientras que en la Politeia de Platón hallamos la descripción de un Estado ideal, en la Política de Aristóteles encontramos un riguroso sistema de datos aportados por la observación, la comparación y la investigación de la realidad. Así, Platón nos describe un Estado hipotético, con sus artesanos, sus sabios y sus guerreros; su ordenamiento eugenético y económico; culminando el esquema en la figura de un "rey filósofo" que representa probablemente uno de los imposibles políticos más estupendos que jamás se hayan imaginado. Aristóteles, por el contrario, nos habla de las distintas "formas" concretas del Estado; de las distintas Constituciones vigentes en su época y del proceso dinámico de cambio que ya se observaba en aquellos tiempos, con regímenes políticos que oscilaban entre monarquías, aristocracias y repúblicas, con sus respectivas desviaciones patológicas de tiranías, oligarquías y demagogias1.


De este modo, desde el mismo origen de nuestra cultura venimos arrastrando dos enfoques sustancialmente distintos de la Política. Uno de ellos, desde una óptica normativa, pone énfasis en los objetivos de la polis; el otro, desde una visión pragmática, se concentra prioritariamente en las condiciones, las posibilidades y los límites impuestos a la voluntad de organizar y mandar en esa misma polis.


A este planteo dialéctico lo podemos rastrear en Occidente a todo lo largo y ancho de la Historia de la Política. Tanto en el relato histórico de los hechos políticos como en el devenir de las tendencias, doctrinas o ideologías políticas, siempre hallaremos, o bien cierta preminencia de la especulación normativa, o bien un mayor énfasis pragmático. Esta tensión, establecida entre los extremos virtualmente opuestos de lo deseable por un lado y lo posible por el otro, es quizás el factor principal que hace de la Política algo dinámico, polémico, deliberativo y frecuentemente controvertido.


Partiendo, pues, de la realidad y recordando, además, lo que se expuso en relación al término polis, se puede apreciar que podemos hablar de Política allí dónde se verifican - como mínimo - dos fenómenos:

- Un conjunto de seres humanos que conviven compartiendo el mismo destino, y

-Una determinada organización social en cuyo marco se toman decisiones que afectan o pueden afectar al conjunto.


De modo que, ya desde una visión panorámica y general, se hace claro que hallamos a la Política allí - y sólo allí - en dónde hay una comunidad organizada de seres humanos. Sin seres humanos no hay Política; como que tampoco la hay si no existe al menos algún grado de organización social. Esto puede parecer una verdad de Perogrullo, pero, sin embargo, constituye el punto de referencia objetivo que muchas ideologías han ignorado.


De lo anterior se desprenden varias conclusiones. Por de pronto, el hecho de que sea posible tomar decisiones válidas para toda una comunidad y hacerlas cumplir nos revela la existencia de un Poder. Por el otro lado, la correlación entre leyes naturales y ciertas decisiones de la actividad política nos revela la posibilidad de establecer una Ciencia. Finalmente, la presencia del elemento intuitivo nos indica que la actividad, al menos en alguna medida, también es un Arte.


Tenemos, así, en apretada síntesis, los elementos esenciales que nos permiten definir a la Política desde múltiples ángulos. Desde el punto de vista del proceso de toma de decisiones la Política es, simplemente, actividad en relación con el uso del Poder, entendiendo a este Poder como la capacidad de incidir en forma efectiva sobre el destino de un conjunto de seres humanos. Desde el punto de vista de la ciencia social, la Política es una ciencia orientada a investigar y a establecer las condiciones que un conjunto de seres humanos necesita para lograr un cierto nivel de desarrollo. Y, por último, desde el punto de vista de una planificación estratégica, la Política es el arte de adelantarse a los acontecimientos, previendo la posible adecuación de las estructuras del conjunto humano a las condiciones y a los desafíos que presentará el futuro.

Resumiéndolo todo: la Política implica el Poder de conducir y/o mandar, la ciencia de organizar y el arte de prever. De estos elementos esenciales surgen en forma natural y correlativa, como veremos más adelante, las funciones de conducción, síntesis y previsión de ese órgano jerarquico-político por excelencia que es el Estado.

Si observamos las distintas disciplinas que ha desarrollado el ser humano veremos que todas ellas tienen un ámbito, un objeto, un dominio propio. Pero, más allá de esto, podremos detectar también que, en cada uno de estos dominios, la enorme mayoría de las disciplinas opera con categorías bipolares que le son específicas. La razón de esto quizás podría rastrearse hasta la arquitectura misma de la Lógica occidental que, en esencia y en muy última instancia, se basa sobre el principio de no contradicción.

La Política no escapa, en absoluto, a esta regla. El dominio específico de la Política es el Poder y el mando y su bipolaridad intrínseca se manifiesta en la tendencia a dividir ese dominio burdamente en las dos categorías de amigos y/o subditos y rivales y/o enemigos.

De este modo debe quedar claro que en Política, el enemigo es a veces el enemigo público; vale decir: aquél que tiene una actitud rival o hasta hostil hacia parte o toda la comunidad; aquél que está dispuesto a iniciar hostilidades...

Más todavía: este enemigo no sólo no es equivalente al enemigo privado sino que su categoría no tiene absolutamente nada que ver con odios, antipatías, fobias o rencores personales; así como tampoco tiene nada que ver con simpatías, filias, amistades, apegos o cariños personales. El enemigo, en Política, simplemente no es una categoría emocional o privada. Por el contrario: es una categoría objetiva y pública...
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