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Viejo 14-July-2010, 01:20
kabrakan kabrakan no ha iniciado sesión
Forista Zafiro
 
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Predeterminado Re: Hace 200 años . . . . .

Desde los primeros días de 1803 gobernaba el virey don José de Iturrigaray la vasta y opulenta Nueva España cuyo gobierno y administración modelados por su protector en España don Manuel de Godoy, le atrajeron numerosos enemigos y no corto círculo de partidarios, según que favorecía las miras de unos u ofendía el orgullo o los intereses de los otros. Servidor fidelísimo de Godoy y entregado, lo mismo que los miembros de su familia, al acrecentamiento de su fortuna, el virey, especialmente en el cumplimiento de la ley de consolidación de capitales destinados a capellanías y obras pías, había herido sentimientos e intereses que condensaban sobre su cabeza recia tormenta, pronta a estallar en tiempo oportuno. En cambio, su aire marcial, su actividad, su energía y su constancia en llevar a cabo importantes obras materiales de utilidad pública, le hacían simpático a los ojos de los americanos y le aseguraban el respeto y cariño de los soldados.

El ejército de la Colonia, considerablemente aumentado desde que en 1806 se temió que los ingleses quisieran desembarcar en las costas de la Nueva España, era atendido por el virey con especial cuidado. Previendo una invasión del enemigo por las playas del Golfo, formó un cantón de tropas en Jalapa, otro de menos importancia en la fortaleza de San Carlos de Perote, y mandó situar destacamentos en los puntos intermedios. El cantón de Jalapa a principios de 1808, se componía de más de quince mil hombres, tanto de tropas veteranas como de milicias; jamás se había visto en la Nueva España tan gran número de tropas concentradas en un solo punto como las brillantes y disciplinadas que ahí se reunieron. De esta reunión surgió naturalmente un espíritu militar que antes era desconocido en los soldados de la colonia; aquella gran masa de hombres armados, entre los que se hallaban muchos hijos del país, tuvo por vez primera la conciencia y el sentimiento de su fuerza; vino luego la comunicación de unos cuerpos con otros; la emulación, tan propia de los que al ejército de las armas se dedican, hizo sentir su influencia en ellos, excitándolos una noble rivalidad; formáronse amistades; suscitáronse también celos entre los oficiales españoles y los americanos, y se despertaron en algunos de estos últimos vehementes aspiraciones de independencia y emancipación completa del dominio español.

En el mes de enero de 1808 se dirigió el activo Iturrigaray al cantón de Jalapa con el objeto de presenciar las maniobras de las tropas. Estas, divididas en veinte batallones de infantería, veinticuatro escuadrones de dragones y un tren de treinta y cuatro piezas de artillería, evolucionaron ante el virey en las llanuras del Encero. Nuevo motivo fue este brillante alarde de fuerza para afirmar en muchos concentradas aspiraciones de independencia, y llegó a decirse que era materia de conversación entre los mismos jefes de los cuerpos efectuarla y sostenerla valiéndose parta ello de aquel ejército imponente.

Pero los ruidosos sucesos que acaecían al mismo tiempo en España, las riñas y desavenencias escandalosas en que andaba envuelta la familia real de España, y cuyas noticias iban a sorprender en breve a la colonia, estaban destinados a producir grandes y trascendentes turbaciones. El 8 de junio de 1808 se recibieron en México las noticias de los tumultos de Aranjuez de 18 y 19 de marzo, traídas a Veracruz por la barca Atrevida. Era aquel día domingo de Pascua de Espíritu Santo, y celebrábase por tal motivo la acostumbrada feria en San Agustín de las Cuevas (Tlalpam), población distante tres leguas de la capital. Allí se hallaba el virey con su familia, y en medio de las fiestas le fueron entregadas las gacetas de Madrid en que se refería todo lo ocurrido. La desazón que tales noticias causaron en el ánimo del funcionario no pasó desapercibida para los que en ese momento le rodeaban.

Fácilmente se concibe, sin embargo, el disgusto del virey Iturrigaray al recibir las noticias; había desaparecido su protector Godoy, y era natural que se considerara comprendido en su desgracia y su caída. Había caído también el monarca y España estaba invadida por los franceses; Iturrigaray vaciló para solemnizar la exaltación del nuevo monarca Fernando, pero cediendo a las muestras de descontento que empezaban a dar los numerosos enemigos de Godoy, que eran casi todos los españoles residentes en México, mandó celebrar la exaltación del nuevo rey de España y de las Indias, pendiente tan solo de las comunicaciones oficiales que de un día para otro se esperaba recibir; pero en su lugar, llegaron a México el 14 de julio de 1808 las gacetas de Madrid con las humillantes renuncias de todos los miembros de la familia real, cediendo la corona a Napoleón, heredero de la revolución francesa y los principios que por espacio de veinte años fueron anatematizados por los sostenedores de la dominación española. Los españoles lamentaban la situación angustiosa de su patria y temían las consecuencias que tal estado de cosas pudiera suscitar. Los americanos, viendo dislocada la maquinaria del gobierno de su metrópoli y al virey presa de intensa agitación comprendieron que se aproximaba la hora de intentar la independencia y que debían apercibirse a la consecución de sus justísimos propósitos.

El virey pasó ese mismo día (14 de julio de 1808) las gacetas en que aparecían las renuncias de la familia real, al Acuerdo, junta compuesta por los Oidores y alcaldes del crimen, el cual le invitó a asistir a la sesión del día siguiente, atenta la notoria gravedad del asunto……..
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