Era esta rara mujer,
pesimista por entero,
que todo lo que iba a hacer,
siempre le encontraba un pero.

Cuando era niña, el papá
le dio un poni de regalo ,
y ella le decía nomás
¿Pero que tal si me caigo?

Si muñecas le compraba
para que estuviera alegre
ella luego protestaba:
¿Pero que tal si pierden?

El papá, un adinerado,
la llevó a un especialista,
y esperaba muy confiado
que se volviera optimista.

Así el tiempo transcurría,
como érase de esperar,
mas a ella se le veía
sin ganas de mejorar.

Cuando ya era quinceañera,
le ofreció cruzar el charco
y ella le dijo severa:
¿y que tal si se hunde el barco?

La quiso mandar a España,
en avión a esta doncella,
y ella dijo muy huraña,
¿pero que tal si se estrella?

Cuando ya tenía 30 años,
no mostraba mejoría,
pues pesimista seguía,
como lo era en los antaños.

Dijo el Psiquiatra al señor,
con una mirada fija:
lo que le falta a su hija,
es conocer el amor.

El papá con voz tristona,
le dijo ya lo intenté
y ella me decía a su vez:
¿y que tal si me abandona?

Entonces lo que hay que hacer
es probarlo por la fuerza
mándele usted al chofer
y que esa función ejerza.

Ya listo el chofer estaba
y a su cuarto se acercó
y con una bofetada
en la cama la tiró,
y de forma arrebatada
a la mujer penetró.

Ella se quedó pasmada
y él dijo muévete un poco,
para que mejor resbale.
y ella contestó calmada,
aunque con cierto sofoco:
¿Pero que tal si se sale?