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Discusión: Poesias Que Ajan Y Estrujan El Alma

  1. #21
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    Predeterminado Re: Poesias Que Ajan Y Estrujan El Alma

    CENIZA
    Luis Fernández Ardavín

    Este dolor de vivir no viviendo
    y este sufrir de saber que no vivo,
    quieren hacerme querer no queriendo
    y desear no escribir lo que escribo...
    Este pesar de sentir este peso
    que no me pesa, pesándome tanto,
    tan pesoroso me tiene y tan preso
    que le parezco espantable a mi espanto...
    Yo ya no puedo sentir puramente
    con el sentir de los sentimentales...
    ¡Hay tantas momias de amor en mi frente
    y tantos muertos espirituales!
    Nada quedó de mi eterno universo...
    Todo cayó el tiempo al olvido...
    Y este tejer el tejido de verso
    es un tejer para ser destejido...
    Como la espiga salió de la espiga
    (trigo sembró quien coger quiso trigo),
    de mendigar tengo el alma mendiga....
    ¡Mi corazón es zurrón de mendigo!
    Como se seca la piel en la mano
    de la Hilandera que mueve la rueca,


    yo, que empecé la hilazón mas temprano,
    siento también mas temprano la seca.
    Vi en el calizo terrón de mi tierra
    toda la sed de mi raza caliza...
    !Y vi que el alma feroz, que me aterra,
    como mi raza y mi tierra, es ceniza!...
    ¡Esta sequía interior y espinosa
    que me llegó de mi tierra querida,
    por cada herida me daba una rosa,
    por cada rosa me daba una herida!
    Y hoy como tierra sin flor y sin poma,
    rosa que sangra sin sangre ni esencia.,
    siento el roer de mi misma carcoma
    y que no existo en mi propia existencia..
    He de llegar a la hora postrera
    como los árboles vicios y huecos,
    que nos parecen fragantes por fuera
    y están por dentro vacíos y secos...
    Y mientras finjo vivir no viviendo,
    siempre en mi sombra soñando en la luz,
    en el dolor de creer no creyendo,
    hago con fe la señal de la cruz.
    por el demonio, que, a Dios hace guerra...
    Por el señor o; que al demonio esclaviza...
    ¡Y por la sed de mi raza y mi tierra,
    que, como yo, son tan sólo ceniza!...


  2. #22
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    Predeterminado Re: Poesias Que Ajan Y Estrujan El Alma

    ¿CUAL SERIA...?
    Bonifacio Byrne

    ¡Se fue del mundo sin decirme nada!
    Cesaron de su pecho los latidos,
    sin que su voz llegase a mis oídos,
    triste, como una antífona sagrada.

    En su alcoba revuelta y enlutada
    quedaron sus recuerdos esparcidos,
    como quedan las plumas en los nidos,
    si el ábrego sacude la enramada.

    Dios, para quien no existe un solo arcano,
    únicamente contestar podría
    esta pregunta, que formulo en vano:

    "Su último pensamiento, cuál sería,
    cuando, muriendo, me apretó la mano
    y cruzó su mirada con la mía?"


  3. #23
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    Predeterminado Re: Poesias Que Ajan Y Estrujan El Alma

    MOLTO PIU AVANTI!
    Pedro Bonifacio Palacios (Almafuerte)

    Los que vierten sus lágrimas amantes
    Sobre las penas que no son sus penas;
    Los que olvidan el son de sus cadenas,
    Para limar las de los otros antes.

    Los que van por el mundo delirantes,
    Repartiendo su amor a manos llenas,
    Caen, bajo el peso de sus obras buenas
    Sucios, enfermos, trágicos ... ¡sobrantes!

    ¡Ah! ¡Nunca quieras remediar entuertos!
    Nunca sigas impulsos compasivos !
    ¡Ten los garfios del odio siempre activos,
    Y los ojos del Juez siempre despiertos! ...

    ¡Y al echarte en la caja de los muertos,
    Menosprecia los llantos de los vivos!


  4. #24
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    Predeterminado Re: Poesias Que Ajan Y Estrujan El Alma

    EN PAZ
    Amado nervo

    Muy cerca de mi ocaso, yo te bendigo, Vida,
    porque nunca me diste ni esperanza fallida,
    ni trabajos injustos, ni pena inmerecida;
    porque veo al final de mi rudo camino
    que yo fui el arquitecto de mi propio destino;
    que si extraje las mieles o la hiel de las cosas,
    fue porque en ellas puse hiel o mieles sabrosas:
    cuando planté rosales coseché siempre rosas.

    ... Cierto, a mis lozanías va a seguir el invierno:
    ¡más tú no dijiste que mayo fuese eterno!
    Hallé sin duda largas noches de mis penas;
    mas no me prometiste tan sólo noches buenas,
    y en cambio tuve algunas santamente serenas...
    Amé, fui amado, el sol acarició mi faz.
    ¡Vida, nada me debes! ¡Vida, estamos en paz!


  5. #25
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    Predeterminado Re: Poesias Que Ajan Y Estrujan El Alma

    COBARDIA
    Amado nervo

    Pasó con su madre.
    ¡Qué rara belleza!
    ¡Qué rubios cabellos de trigo garzul!
    ¡Qué ritmo en el paso!
    ¡Qué innata realeza de porte!
    Qué formas bajo el fino tul...

    Pasó con su madre.
    Volvió la cabeza:
    ¡Me clavó muy hondo su mirada azul!

    Quedé como en éxtasis...

    Con febril premura,
    ¡Síguela!, gritaron cuerpo y alma al par.

    ...Pero tuve miedo de amar con locura,
    de abrir mis heridas, que suelen sangrar,

    ¡y no obstante toda mi sed de ternura,
    cerrando los ojos,
    la dejé pasar!


  6. #26
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    Predeterminado Re: Poesias Que Ajan Y Estrujan El Alma

    LA CHACHA MICAILA
    ANTONIO GUZMAN AGUILERA

    Mi cantón, magresita del alma,
    ya pa que lo quero,
    si se jué la paloma del nido,
    si me falta el calor de su cuerpo,
    si ya sus canarios
    de tiricia se han ido muriendo
    si los capulines
    ya no sueltan sus frutos del tiempo,
    y las campanillas y las dormideras
    si han caído tan recio
    que cualquiera que va a visitarme
    pisa sobre pétalos.
    Yo que la vide, dialtiro decaído
    con los ojos negros
    zambutidos en unas ojeras
    moradas, y aluego
    los tales quejidos;
    los tales mareos
    que dizque eran vaídos
    al decir del médico
    ¡ Algame la Virgen!
    Ya nomás de acordarme, padezco
    mucho escalofrío
    y me hogo da pecho,
    y se mi hacen las manos y pieses,
    como los badajos de los timbres létricos.
    ¡Qué poco a poquito se me jué muriendo!
    Tosía y tosía
    y lloraba la pobre en silencio.
    -No llores, Micaila,
    por toitos los santos del cielo,
    decíale al verla llorando
    y al decirlo, lloraba yo mesino.
    -Si te pondrás guena,
    con los revoltijos que ti ha dado el médico
    no sias disconfiada con las medecinas
    que a mi me sacaron del maldito infierno.
    ¡Andale!, mi Chacha,
    quero ver tu rostro trigueño,
    como dos tizones
    ¡Ah se me olvidaba decirte que trujo
    achispaos, tus lindos ojuelos,
    un rebozo de bola
    mi compadre Chencho,
    pa´ cuando te alivies
    y en el cuaco trotón, en el prieto,
    he pensado pa´ entonces que vayamos
    los dos riajes un sábado a verlo
    ¿Queres?, y el domingo le entraremos
    al mole muy recio.
    a la barbacoa,
    y a los asaderos.
    y en cuanto Dios escurezca,
    al paso golveremos
    por el llano, abajo,
    asegún se sigue la falda de cerro.
    ¡Micaila!, no llores
    y el le daba un beso,
    Ella se sonreía
    un instante, pero
    me miraba con una tristeza,
    como si la sombra del pensamiento
    de preñara los ojos de llanto,
    que después derramaba en silencio.
    El día de su muerte,
    su rostro cenizo, me dio mucho miedo.
    -¿Pos qué tienes, Chacha?
    -No sé lo que tengo,
    pero sé que me voy y es pa siempre
    -Correré si quieres por el siñor médico,
    ¿queres, trigueñita?
    -¿ Ya pa que, mejor tate aquí en sosiego,
    quero hablarte por ultimo chacho,
    antes de que me hoguen los remordimientos.
    Asiéntate y oye. yo quise decírtelo
    dende hace muchísimo tiempo
    y a la mera, que no, pos yo me ciscaba,
    ¡Cómo uno es mujer! Chacho, ¡Qué caray!,
    y el miedo dizque no anda en burro,
    peor ahora qué li hace, mi negro,
    si ya se te muere tu Chacha
    qué li hace que sepas mi horrible secreto.
    Hace unos seis años, siguro ¿recuerdas
    que nos envitaron a los herraderos
    los siñores amos?
    -Vaya si mi acuerdo;
    ¿no jué aquel domingo
    que salí cornao por un toro prieto,
    cerca de las trancas, en el Rancho Verde
    de ñor Juan?
    -El mesmo,
    ya vide que tías acordado;
    por ay tienes nomás qui al saberlo,
    de la casa grande
    por la puerta me salí corriendo,
    y en las trancas jallé a don Antonio,
    aquel hijo mayor de don Pedro,
    que era entonces alcalde del pueblo,
    Pregúntele al punto
    por ti, por tu herida, por tu paradero,
    y me dijo que en una camilla
    te jalaron pa casa del médico
    que si quería que me llevaba en ancas
    en el punto mesmo;
    aceté, ¡ qué caray!, no era cosa
    de dejarte morir como un perro,
    No nos vido salir de las trancas
    naiden, llegamos en un bote al potrero,
    y a galope tendido trepamos
    la cuesta del cerro,
    y al bajar la barranca del Cristo,
    tan jonda y tan negra,
    don Antonio empezó con sus cosas,
    con sus chicoleos;
    que si yo era una rosa de mayo
    que si eran mis ojos nocturnos luceros,
    Yo todo a esto callaba, callaba; él se puso necio
    y me dijo que tú eras probe:
    total un ranchero;
    que él , en cambio, era dueño de hacienda
    con muchas talegas de pesos;
    que ti abandonara
    que nos juéramos pa México,
    o pa los Uruapas o pa los Querétaros.
    Yo me puse muy jira y le dije,
    qui aunque probe, me daba mi prieto
    pa presumir mucho
    y andar diariamente con el zagalejo
    muy lentejueliao
    y cada semana con rebozo nuevo.
    -Por si no no por amor, por la juerza,
    me dijo rayando su penco,
    y si más me apretó la centura
    y mi boca manchó con un beso,
    Nunca lo jiciera, sentí que la sangre
    cegaba mis ojos, y el furor mi seno;
    saqué del arzón el machete,
    y por las espaldas, lo jundí en su cuello.
    Cayó pa delante con un grito horrendo.
    y rodó rebotando hasta el jondo
    del desfiladero...
    Naíden supo nada;
    cuando lo jallaron todito disecho,
    guiados por el puro jedor del barranco,
    los jueces dijieron,
    quesque jué un suicidio
    por no sé qué amores y demás enredos,
    Yo me estuve callada la boca
    pero ahora, pos dime, ¿ ya pa que, mi prieto?
    Se quedó como estática; acaso
    rezaba al morir, por el muerto,
    La abracé llorando,
    la besé en silencio,
    y poco a poquito,
    se me jué muriendo...
    Mi jacal está maldito...
    si lo queres, madre, pos hay te lo dejo,
    si te cuadra quémalo,
    si lo queres, véndelo;
    yo me guelvo a las filas, mi mamá,
    a peliar por la patria me guelvo;
    si me quebra una bala, qué liace,
    al cabo en el mundo,
    pa los que sufrimos la muerte en el alma.
    vivir o morir es lo mesmo.
    Mi cantón magresita del alma
    sin ella ¿ ya pa que lo quero?



  7. #27
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    Predeterminado Re: Poesias Que Ajan Y Estrujan El Alma


    YERBAS DEL TARAHUMARA
    Alfonso Reyes

    Han bajado los indios tarahumaras,
    que es señal de mal año
    y de cosecha pobre en la montaña.
    Desnudos y curtidos,
    duros en la lustrosa piel manchada,
    denegridos de viento y de sol, animan
    las calles de Chihuahua,
    lentos y recelosos,
    con todos los resortes del miedo contraídos,
    como panteras mansas.

    Desnudos y curtidos,
    bravos habitadores de la nieve
    -como hablan de tú-,
    contestan siempre así la pregunta obligada:
    -"Y tu ¿no tienes frío en la cara?

    Mal año en la montaña,
    cuando el grave deshielo de las cumbres
    escurre hasta los pueblos la manada
    de animales humanos con el hato e la espalda.

    Los hicieron católicos
    los misioneros de la Nueva España
    -esos corderos de corazón de león.
    Y, sin pan y sin vino,
    ellos celebran la función cristiana
    con su cerveza-chicha y su pinole,
    que es un polvo de todos los sabores.

    Beben tesgüiño de maíz y peyote,
    yerba de los portentos,
    sinfonía lograda
    que convierte los ruidos en colores;
    y larga borrachera metafísica
    los compensa de andar sobre la tierra,
    que es, al fin y a la postre,
    la dolencia común de las razas de los hombres.
    Campeones de la Maratón del mundo,
    nutridos en la carne ácida del venado,
    llegarán los primeros con el triunfo
    el día que saltemos la muralla
    de los cinco sentidos.

    A veces, traen oro de sus ocultas minas,
    y todo el día rompen los terrones,
    sentados en la calle,
    entre la envidia culta de los blancos.
    Hoy solo traen yerbas en el hato,
    las yerbas de salud que cambian por centavos:
    yerbaniz, limoncillo, simonillo,
    que alivian las difíciles entrañas,
    junto con la orejela de ratón
    para el mal que la gente llama "bilis";
    y la yerba del venado, del chuchupaste
    y la yerba del indio, que restauran la sangre;
    el pasto de ocotillo de los golpes contusos,
    contrayerba para las fiebres pantanosas,
    la yerba de la víbora que cura los resfríos;
    collares de semillas de ojos de venado,
    tan eficaces para el sortilegio;
    y la sangre de grado, que aprieta las encías
    y agarra en la nariz los dientes flojos.

    (Nuestro Francisco Hernández
    -El Plinio Mexicano de los Mil y Quinientos-
    logró hasta mil doscientas plantas mágicas
    de la farmacopea de los indios.
    Sin ser un gran botánico,
    don Felipe Segundo
    supo gastar setenta mil ducados,
    ¡para que luego aquel herbario único
    se perdiera en la incuria y el polvo!
    Porque el padre Moxó nos asegura
    que no fue culpa del incendio
    que en el siglo décimo séptimo
    aconteció en El Escorial.)

    Con la paciencia muda de la hormiga,
    los indios van juntando sobre el suelo
    la yerbecita en haces
    -perfectos en su ciencia natural.


  8. #28
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    Predeterminado Re: Poesias Que Ajan Y Estrujan El Alma


    LA VELADA DEL SAPO
    Rosario Castellanos

    Sentadito en la sombra
    -solemne con tu bocio exoftálmico; cruel
    (en apariencia, al menos, debido a la hinchazón
    de los párpados); frío,
    frío de repulsiva sangre fría.
    Sentadito en la sombra miras arder la lámpara.

    En torno de la luz hablamos y quizá

    uno dice tu nombre.

    (Es septiembre. Ha llovido.)
    Como por el resorte de la sorpresa, saltas
    y aquí estas ya, en medio de la conversación,
    en el centro del grito.
    ¡Con qué miedo sentimos palpitar
    el corazón desnudo
    de la noche en el campo!


  9. #29
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    Predeterminado Re: Poesias Que Ajan Y Estrujan El Alma

    ÓNIX
    Juan José Tablada

    Torvo fraile del templo solitario
    que al fulgor de nocturno lampadario
    o a la pálida luz de las auroras
    desgranas de tus culpas el rosario...
    --¡Yo quisiera llorar como tu lloras!

    Porque la fe en mi pecho solitario
    se extinguió como el turbio lampadario
    entre la luz roja de las auroras,
    y mi vida es un fúnebre rosario
    más triste que las lágrimas que lloras.

    Casto amador de pálida hermosura
    o torpe amante de sensual impura
    que vas --novio feliz o amante ciego--
    llena el alma de amor o de amargura...
    --¡Yo quisiera abrasarme con tu fuego!

    Porque no me seduce la hermosura,
    ni el casto amor, ni la pasión impura;
    porque en mi corazón dormido y ciego,
    ha caído un gran soplo de amargura,
    que también pudo ser lluvia de fuego.

    ¡Oh Guerrero de lírica memoria
    que, al asir el laurel de la victoria,
    caíste herido con el pecho abierto
    para vivir la vida de la Gloria!
    --¡Yo quisiera morir como tú has muerto!

    Porque al templo sin luz de mi memoria,
    sus escudos triunfales la victoria
    no ha llegado a colgar, porque no ha abierto
    el relámpago de oro de la Gloria
    mi corazón obscurecido y muerto.

    Fraile, amante, guerrero, yo quisiera
    saber qué obscuro advenimiento espera
    el amor infinito de mi alma,
    si de mi vida en la tediosa calma
    no hay un Dios, ni un amor, ni una bandera.

    El florilegio, 1898

  10. #30
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    Predeterminado Re: Poesias Que Ajan Y Estrujan El Alma

    IRÁS SOBRE LA VIDA DE LAS COSAS...
    Enrique Gonzalez Martinez

    Irás sobre la vida de las cosas
    con noble lentitud; que todo lleve
    a tu sensorio luz: blancor de nieve,
    azul de linfas o rubor de rosas.

    Que todo deje en ti como una huella
    misteriosa grabada intensamente
    lo mismo el soliloquio de la fuente
    que el flébil parpadeo de la estrella.

    Que asciendas a las cumbres solitarias
    y allí, como arpa eólica, te azoten
    los borrascosos vientos, y que broten
    de tus cuerdas rugidos y plegarias.

    Que esquives lo que ofusca y lo que asombra
    al humano redil que abajo queda,
    y que afines tu alma hasta que pueda
    escuchar el silencio y ver la sombra.

    Que te ames en ti mismo, de tal modo
    compendiando tu ser cielo y abismo,
    que sin desviar los ojos de ti mismo
    puedan tus ojos contemplarlo todo.

    Y que llegues, por fin, a la escondida
    playa con tu minúsculo universo,
    y que logres oír tu propio verso
    en que palpita el alma de la vida.


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