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  #51  
Viejo 06-diciembre-2011, 21:56
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cafe Re: Ciencia Ficcion

En una playa perdida junto al mar Caribe, un indígena vivía de la pesca.
En las noches, solitario, mirando la luna, se preguntaba:

“¿Por qué no tengo una mujer como los otros.
Quiero una compañera simple y a la vez brillante.
La quiero humana y también diosa.
Deseo que en la noche oscura ilumine mi camino”.

Para pasar el tiempo, plantó sandías.
Crecieron enormes.
Las cargó en su burro y fue a venderlas al mercado de un pueblo.

A mediodía llegó un hombre moreno acompañado de una extraña mujer: a pesar de ser joven, sus cabellos eran plateados.

El indígena exclamó, admirado: “¡Raro es el cabello de tu mujer!” El moreno le respondió: “Más extraño su corazón, porque también es plateado”.
El indígena le preguntó: “¿Dónde nacen mujeres tan maravillosas?”.

El otro le dijo: “En un pueblo de brujos, detrás de las montañas.
El que se casa con una de ellas alcanza la paz, el amor, la sabiduría, la prosperidad”.
Y no quiso decir más.
El indígena exclamó: “¡Encontraré una mujer así!”.
Y abandonando su burro y sus sandías fue a las montañas.
Escaló, bajó, atravesó valles, bosques, desiertos, miles de aldeas.
Buscó durante años.
Le creció el cabello, la barba, se cubrió de harapos, adquirió expresión de loco.
Los campesinos se rieron de él.
“¡Ja, ja, busca una mujer con el corazón plateado!”.
Nunca la encontró.
Decepcionado, volvió a su playa para vivir desnudo comiendo sólo almejas.

Un día vio bajar a una mujer por el cerro. ¡Tenía la cabellera plateada!
Cuando llegó junto a él, le dijo:
“Me envían los brujos porque lo has dejado todo por mí. Te pertenezco.”

El gruñó: “No creo que tus cabellos sean reales: te los has pintado.
¡Y tu corazón ha de ser rojo! ¡Te desenmascararé!”
Bruscamente le hundió un cuchillo entre los senos para abrir un surco y extraerle el corazón.
¡Era plateado! Gritó:
“¡He recuperado la fe! ¡Lograré por fin la paz, el amor, la sabiduría y la prosperidad!”

Pero ya era tarde, la mujer estaba muerta.
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  #52  
Viejo 12-marzo-2012, 14:43
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cafe Re: Ciencia Ficcion


¿QUIÉN ME ASEGURA QUE NO ERES VIRTUAL?



- Disculpe caballero.
- Capitán Maximilian Pruss. ¿Qué puedo hacer por usted?
- Ah, pero, ¿es usted virtual o real?
- ¿Virtual? Qué extraña palabra, jamás la había oído.
- De acuerdo, es usted virtual.
- No sé a qué se refiere.
- Hagamos una prueba, Capitán Pruss. ¿Qué ciudad es aquella?
- Hombre, ¿Quién no conoce Paris? Es inconfundible aunque sea de lejos. Veamos: Le Sacre Cœur, que los franceses llaman jocosamente “l’Éléphant Blanc”, a su izquierda La Tour Montparnasse, al fondo las torres de La Defense, al centro la perspectiva de los Champs Elysées, entre l’Arc de Trionphe y la Place de la Concorde, con el Jardin des Plantes…
- ¿No falta nada?
- Pues… Notre Damme, Saint Sulpice…
- El nombre Alexandre Gustave Eiffel, ¿le dice algo?
- Pues… No, nunca he oído ese nombre.
- Un famoso ingeniero de estructuras metálicas que erigió una torre con cuatro patas muy estilizada en punta y toda ella de metal y sin un gramo de hormigón, para ponerlo más exagerado, plantada en los jardines del Champ de Mars, frente al puente Ièna y los jardines y palacio del Trocadero.
- ¿Toda metálica? No puede ser. ¿En punta, con cuatro patas?
- 325 metro de altura incluida la antena.
- Me toma el pelo. ¿Cómo se imagina usted la silueta de Paris con una torre en punta de cuatro patas? Que disparate.

El piloto del zepelín Hindenburg hizo girar la enorme nave muy despacio para que los pasajeros pudieran contemplar Paris, también llamada, algunos dicen que en recuerdo del “Rey Sol”, Luis XIV, “La Ciudad de la Luz”. Ocurre algunas veces a los programadores, que de tanto tener en la mente una imagen se olvidan de programarla, como aquella “Paris” sin la Torre Eiffel. Creyeron que era muy fácil, que todo el mundo tiene en el plano visual cómo es París, de modo que, se les había olvidado. Y resultaba curiosa la perspectiva desde Trocadero hasta Ècole Militaire sin la típica y única aguja de metal en el mundo de 325 metros, que en la Paris real, antes de la permanente crisis económica, iluminaban completamente por la noche.

Pero hay que ser justos con los programadores, pues en algunos casos hacen verdaderas obras de magia. Por ejemplo aquel zepelín era nada más y nada menos que el propio Hindenburg, que se incendió al intentar el atraque en 1937, y que había sido diseñado fielmente y hasta el más mínimo detalle a partir de la digitalización de las fotos y película que se tomó de aquella catástrofe. Por supuesto la mayoría de los pasajeros de “este” Hindenburg eran personas reales que viajaban virtualmente con la ayuda de una interface craneal, es decir el típico casco de conexión que podía usarse en cualquier parque o en lo alto de una montaña por control remoto, convirtiendo el paisaje en lo que uno deseaba, o le incitaban a desear. Por ejemplo, las impresionantes gargantas de la Sierra Tarahumara, en Chihuaha, o el Nevado Huaraz en Perú, o las cataratas de Iguazú, podían convertirse respectivamente en el “Planeta Tatouine”, “El Castillo de la Bruja de Blancanieves”, “Pandora de Avatar”, o lo que fuera, sin más que cambiar el chip. Una avanzada sofisticación de aquellos videojuegos que iniciaron la conexión entre lo real y lo virtual haciéndote entrar en el juego físicamente y mover el personaje con los movimientos del propio cuerpo.

En realidad la pregunta que le hace el protagonista de esta historia al programa llamado Capitán Max Pruss es poco frecuente, demasiado directa, porque aunque ya sea muy difícil distinguir un individuo real de sus dobles virtuales, hay que ir con cierto tacto porque no estamos seguros si los programadores han hecho bien su trabajo y el individuo virtual va a responder de forma inesperadamente peligrosa una pregunta ilógica, como es dudar de si es real o virtual. Un doble virtual no sabe que es un doble, por principio, porque de lo contrario no reproduciría el original fielmente, y tal pregunta puede provocar una grave colisión en la secuencia del programa, con lo que la reacción puede conllevar un peligro inesperado.

De pronto a nuestro protagonista le asaltó un terror lógico: ¿Y si los programadores hubieran, por el contrario, hecho tan bien su trabajo que la secuencia virtual incluyera también el desastre?

- ¿Qué le ocurre, caballero? Se ha puesto blanco como la cera.
- ¿Cómo puede estar seguro de que eso es Paris y no Boston, Capitán Pruss?
- ¿Se encuentra bien? Siéntese, deje que le tome el pulso… así, eso es; Cálmese, sea lo que fuere que haya visto usted ahí fuera.
- Hubieron 35 víctimas entre pasajeros y tripulación.
- ¿Ah, sí? ¿Donde fue eso?
- En Lakehurst, New Jersey.
- ¿New Jersey? Eso no está en América, ¿no? Muy lejos de aquí
- Sí… el capitán hizo dar un rodeo a la nave por Manhattan para esperar a que amainara la tormenta y poder realizar la maniobra de atraque, pero al hacerlo sopló un viento de cola fortísimo y…
- Tenga, tómese un poco de agua y este sedante, le sentará bien. Es ligero, apenas para mejorar una sensación de mareo. Hay pasajeros que soportan mal las alturas.
- ¿En qué año estamos?
- Caramba, ¿la sensación es tan fuerte que ha olvidado usted en qué año vive?
- Doctor, ¿en qué año estamos… en que día?
- Está bien, tranquilícese: 1937, 6 de Mayo. ¿Se encuentra mejor? Pero… ¿Qué le ocurre? ¡Siéntese! ¿Qué va a hacer? Le digo que esto es Paris… No sé porque piensa que puede de Boston.
- ¡Porque en el mundo virtual podemos volar al otro lado del atlántico en un segundo! ¿Qué hora es? Bah, da igual eso. También podemos comprimir varias horas en ese segundo.
- Realmente, no sé de qué me habla, pero siéntese y no corra; Está incomodando a los pasajeros.
- Puede faltar muy poco para que el fallido atraque en Lakehurst convierta esto en una bola de fuego, y como uno nunca sabe lo hondo que ha entrado en un mundo virtual puede correr la misma suerte que… Oh, disculpe, capitán.
- ¿Por qué se disculpa ahora?
- Porque el hidrógeno es un combustible rapidísimo y en pocos minutos no va a quedar de esto más que las fotos que tomarán los periodistas desde tierra, y alguna que otra pieza de metal chamuscada.
- Vamos, vamos, amigo mío, tranquilícese.
- ¿Qué me tranquilice? Mire: eso es exactamente lo que ocurrió a las 7:25 de la tarde en Lakehurst de 1937, cuando el capitán Max Pruss trató de compensar el fuerte viento de cola haciendo girar la nave para alejarse, pero la proa del zepelín… ha rozado con su torre de anclaje, la tela se ha desgarrado y empieza a verse la llama azul del gas… ¡Mírelo!
- ¿1937? Pero si estamos en el 6 de mayo de 1937, y a las 7: 25 de la tarde ¿Qué…?
- ¡En 36 segundos habremos desaparecido calcinados!

La parte delantera de la góndola (la cabina en los zepelines), donde iba el capitán, el segundo oficial y los pasajeros distinguidos fue la que empezó a incendiarse contagiada por el fuego de proa. Nuestro protagonista iba a ser tragado por las primeras llamas cuando oyó:

- ¡Papa, por aquí, corre!
- ¿Hijo?
- Vamos, dame la mano, rápido.
- ¿Eres tú… cómo…?
- ¡Dame la mano! He entrado por un bug… un agujero en el programa.

A nuestro protagonista no le cupo ninguna duda que la cara que vio entre las llamas era su hijo menor, de 8 años. Ningún monstruo tecnológico podría digitalizar jamás la sonrisa de angel de aquel niño tan especial, siempre alegre y volando por encima de las miserias que trataban de atraparlo constantemente, porque le salía de muy dentro de su corazón, puro y original, creado del alma de los antiguos guerreros del bosque de Arwhen, más allá de las tierras altas, donde la leyenda no ha podido ser digitalizada, ni lo será jamás, porque esa leyenda no tiene forma; solo sentimiento indómito, y porque la libertad jamás podrá ser metida en un chip, simplemente por su propia definición: La libertad no puede programarse.

En efecto, el fuerte tirón del niño lo hizo encontrarse al otro lado del muro pantalla digital que por aquella época se instalaba en casi todos los hogares cubriendo por completo la pared del comedor o la sala principal, y que las multinacionales de la publicidad regalaban a los ciudadanos medianamente acomodados y que no se apagaba en todo el día, ofreciendo más de 3000 canales de televisión, conexiones a las 1120 redes sociales, innumerables aplicaciones de ordenador y … Su hijo le sonreía plácidamente.

- ¿Cómo lo has hecho?
- ¿El qué?
- Me has salvado la vida. Fíjate, hasta se me ha quemado la chaqueta y casi el brazo.
- No son más que juegos, papi. No deberías haberte quemado.
- Claro, tienes razón, como aquella vez que me metí en Avatar y no quería volver.
- Oh, sí, fue muy divertido, volviste sin ropa. Ahora la tienes chamuscada. Tienes que tener cuidado.

Nuestro protagonista miró atentamente a su hijo de 8 años y recordó como se había sentido San Cristobal llevando a Jesus al hombro para atravesar las aguas turbulentas y cenagosas, en los primeros años de vida del niño, sintiéndose tan privilegiado por que el destino le hubiera permitido proteger a su hijo desde el mismo momento que nació. Ahora aquel ángel lo protegía a él, aunque, se dijo en este momento, que probablemente ese niño tan especial lo había protegido de alguna forma sutil desde el mismo instante que vino al mundo. A fin de cuentas en este planeta tan surcado de valles de las sombras de la muerte parece claro que eso es lo que hay que hacer, proteger para protegerse.

Juan Trigo
El Bruc, 11.11.11


(Nota- Con la autorización de mi amigo Juan Trigo, la admiración y el privilegio de contar con su venia, traigo aqui a este espacio, otro de sus relatos. Los comparto con ustedes y espero que les guste, tanto como me gusta a mi)
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  #53  
Viejo 13-marzo-2012, 03:43
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Predeterminado Re: Ciencia Ficcion

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Originalmente publicado por Tatiana Ver post
En una playa perdida junto al mar Caribe, un indígena vivía de la pesca.
En las noches, solitario, mirando la luna, se preguntaba:

“¿Por qué no tengo una mujer como los otros.
Quiero una compañera simple y a la vez brillante.
La quiero humana y también diosa.
Deseo que en la noche oscura ilumine mi camino”.

Para pasar el tiempo, plantó sandías.
Crecieron enormes.
Las cargó en su burro y fue a venderlas al mercado de un pueblo.

A mediodía llegó un hombre moreno acompañado de una extraña mujer: a pesar de ser joven, sus cabellos eran plateados.

El indígena exclamó, admirado: “¡Raro es el cabello de tu mujer!” El moreno le respondió: “Más extraño su corazón, porque también es plateado”.
El indígena le preguntó: “¿Dónde nacen mujeres tan maravillosas?”.

El otro le dijo: “En un pueblo de brujos, detrás de las montañas.
El que se casa con una de ellas alcanza la paz, el amor, la sabiduría, la prosperidad”.
Y no quiso decir más.
El indígena exclamó: “¡Encontraré una mujer así!”.
Y abandonando su burro y sus sandías fue a las montañas.
Escaló, bajó, atravesó valles, bosques, desiertos, miles de aldeas.
Buscó durante años.
Le creció el cabello, la barba, se cubrió de harapos, adquirió expresión de loco.
Los campesinos se rieron de él.
“¡Ja, ja, busca una mujer con el corazón plateado!”.
Nunca la encontró.
Decepcionado, volvió a su playa para vivir desnudo comiendo sólo almejas.

Un día vio bajar a una mujer por el cerro. ¡Tenía la cabellera plateada!
Cuando llegó junto a él, le dijo:
“Me envían los brujos porque lo has dejado todo por mí. Te pertenezco.”

El gruñó: “No creo que tus cabellos sean reales: te los has pintado.
¡Y tu corazón ha de ser rojo! ¡Te desenmascararé!”
Bruscamente le hundió un cuchillo entre los senos para abrir un surco y extraerle el corazón.
¡Era plateado! Gritó:
“¡He recuperado la fe! ¡Lograré por fin la paz, el amor, la sabiduría y la prosperidad!”

Pero ya era tarde, la mujer estaba muerta.
Grandioso...
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NADA DE LO HUMANO ME ES AJENO, SOLO ME HAGO MEDIO PENDEJO EN VECES PA DESPISTAR A LOS OJETES
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  #54  
Viejo 13-marzo-2012, 10:31
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cafe Re: Ciencia Ficcion

Asi es Alqui.Excelente también.
Agradezco mi capacidad de elección que me permite leer comentarios como el tuyo, de apreciación, a lo que he compartido.

Porque asi como las críticas o descalificaciones se reciben como de quien vienen (mucho, poquito o nada)
Asi también lo positivo es estimulante.

No con la creación de uno como en tu caso o en de otros foristas, sino en la elección de lo que comparto .

Esto es de "Plano Creativo" pero se me hace raro no haber puesto de quien es; o tal vez en ese momento no lo pensé.
Crasísimo error!!

Ya ves lo que le pasó a Sealtiel Alatriste por no comillar, lo acusaron de comerse el mandado de alguien más.

Y sin ir más lejos lo que me pasó a mi.
No me atribui nada, pero le adjudiqué a un Forista los versos de unos famosos; lo lamento en el caso de Borges; los otros era imposible saberlo, para mi.

Bueno Alqui todo este rollo es porque no puse la fuente, mejor dicho el autor.
Voy a buscarlo.

Me alegro que te gustara.
Hay tanto trasfondo en ese cuento, como en todo lo que comparten en ese sitio.

Saludos y ójala podamos leerte pronto en la continuación del tuyo
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  #55  
Viejo 13-marzo-2012, 11:06
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cafe Re: Ciencia Ficcion

Aqui está completo...


DEl PLACER DE PENSAR

En el fondo, amar es un acto de fe.
Siempre el encuentro de una pareja es milagroso.
No deberíamos haber ido a ese sitio, pero movidos por una fuerza que creemos absurda, vamos para encontramos con la persona que nos acompañará el resto de nuestra vida.

O bien, el mágico encuentro se produce a un momento dado: si hubiéramos estado ahí cinco minutos antes o cinco minutos después, nada hubiera sucedido.
Desde la primera mirada el amor se presenta con una certeza absoluta.

Sin embargo, si dejamos entrar las dudas, los celos, el espíritu de posesión, el milagro se desvanece.
Pensando en ello he escrito esta fábula:


En una playa perdida junto al mar Caribe, un indígena vivía de la pesca. En las noches, solitario, mirando la luna, se preguntaba: “¿Por qué no tengo una mujer como los otros.
Quiero una compañera simple y a la vez brillante.
La quiero humana y también diosa.
Deseo que en la noche oscura ilumine mi camino”.

Para pasar el tiempo, plantó sandías. Crecieron enormes.
Las cargó en su burro y fue a venderlas al mercado de un pueblo.
A mediodía llegó un hombre moreno acompañado de una extraña mujer: a pesar de ser joven, sus cabellos eran plateados.
El indígena exclamó, admirado: “¡Raro es el cabello de tu mujer!”
El moreno le respondió: “Más extraño su corazón, porque también es plateado”.
El indígena le preguntó: “¿Dónde nacen mujeres tan maravillosas?”.
El otro le dijo: “En un pueblo de brujos, detrás de las montañas.
El que se casa con una de ellas alcanza la paz, el amor, la sabiduría, la prosperidad”. Y no quiso decir más.
El indígena exclamó: “¡Encontraré una mujer así!”.
Y abandonando su burro y sus sandías fue a las montañas.
Escaló, bajó, atravesó valles, bosques, desiertos, miles de aldeas.

Buscó durante años. Le creció el cabello, la barba, se cubrió de harapos, adquirió expresión de loco. Los campesinos se rieron de él. “¡Ja, ja, busca una mujer con el corazón plateado!”. Nunca la encontró.

Decepcionado, volvió a su playa para vivir desnudo comiendo sólo almejas. Un día vio bajar a una mujer por el cerro.
¡Tenía la cabellera plateada! Cuando llegó junto a él, le dijo: “Me envían los brujos porque lo has dejado todo por mí. Te pertenezco.”

El gruñó: “No creo que tus cabellos sean reales: te los has pintado.
¡Y tu corazón ha de ser rojo! ¡Te desenmascararé!” Bruscamente le hundió un cuchillo entre los senos para abrir un surco y extraerle el corazón.
¡Era plateado! Gritó: “¡He recuperado la fe! ¡Lograré por fin la paz, el amor, la sabiduría y la prosperidad!”
Pero ya era tarde, la mujer estaba muerta.
Llegas hasta donde llega tu fe.


Alejandro Jodorowsky
( Plano Creativo)
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  #56  
Viejo 29-marzo-2012, 03:20
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Predeterminado Re: Ciencia Ficcion

Viaje al espacio profundo.

El reloj empezó a sonar con mi hora terrestre en que me debía levantar. Las 8 de la mañana. En realidad en la tierra me levantaba como a las seis de la mañana, pero acá en los viajes interestelares de mediano alcance no hay mucho por lo cual levantarse tan temprano. Las películas de hacía un siglo ya interpretaban los viajes interestelares de muchas maneras. Desde naves con habitats prácticamente terrestres con generadores de gravedad que hacían la vida exactamente igual a la de la Tierra, hasta compactos habitáculos de sueño inducido en los que los humanos son simples sardinas en unas máquinas que lo hacen todo solas.

Por otra parte, por los archivos históricos se que los primeros pilotos de aparatos que salieran de la atmósfera utilizaban trajes inverosímiles que limitaban la movilidad a casi cero, casi como tratar de caminar vistiendo un colchón con todo y box spring. Incluso las primeras cápsulas espaciales en realidad eran unas casi sofisticadas latas de sardinas con controles y funciones muy limitados.
En la actualidad las cosas, pienso yo, son algo intermedio entre el Apollo XI y un USS Enterprise de la Clase Galaxy. Aunque también creo que la Nave Nostromo es un buen referente pero sin el generador de gravedad. Claro que existen los generadores de gravedad pero son más bien un lujo reservado a otro tipo de viajes y a otro tipo de personas.

Yo soy un explorador. De esos jodidos exploradores prescindibles que manejan aparatos menos prescindibles. Todas estas naves están programadas para regresar bajo cualquier circunstancia. Muchos “pilotos” como yo, han muerto en accidentes de trabajo y muchos han quedado locos. La soledad acá es agotadora. La monotonía es agobiante y el aislamiento provoca visiones, alucinaciones. Algunas radiaciones imperceptibles afectan la mente de muchas formas. El Síndrome Álvarez, el Síndrome Spencer o el Síndrome Huan Ho. Todos ellos psicopatías que se presentan regularmente en pilotos y tripulaciones de naves interestelares de exploración profunda o de medio alcance.

El Síndrome Alvarez es una especie de apagón. Algo así como una hibernación que dispara el cerebro al sentir la inmovilidad por mucho tiempo, el silencio, la soledad y condiciones anormales de ingesta de alimentos. Ese dispositivo que se encontraba escondido en alguna parte de la psique humana comenzó a dispararse con regularidad desde los primeros viajes interestelares. En este Síndrome, los pilotos caen en una especie de trance. El cerebro básicamente se “apaga”, las funciones vitales caen a casi cero y la temperatura de los humanos puede rondar los 12 grados centígrados sin sufrir daños fisiológicos. Como si los humanos se volvieran unos malditos sapos congelados. Se descubrió que el cuerpo humano podía “reposar” en este estado hasta tres meses sin ingerir agua o alimentos.

El Síndrome Spencer es una disfunción mental en la que el individuo termina asumiendo sin salida alguna que no existe absolutamente ninguna razón de peso para vivir. Empieza con una depresión profunda por los familiares dejados en la tierra, posteriormente evoluciona a un sentimiento de insignificancia mayúsculo, el individuo en su fuero interno pasa a ser una hormiga en el universo. Se percibe claramente que el universo es tan inmenso y el propio individuo es tan finito y fútil, que no importa realmente lo que uno haga, nada hará la diferencia. Como si fuéramos un grano de arena, una estrella más, una bacteria en la boca de un cocodrilo perdido en el Amazonas. Es decir NADA. En este síndrome las personas dejan de comer y prácticamente se dejan morir. Muchos abrieron las escotillas de las naves pensando que podían dar una amena caminata por el espinazo de la nada. Por eso en vuelos de exploración media como el mío las escotillas vienen selladas por fuera ya que no hay nada que hacer afuera de la nave y sólo serán abiertas por personal de alguna nave nodriza en la que aterricemos.

El último de los síndromes es un el más violento. En este, se produce una especie de claustrofobia que culmina en autolesiones. Las personas empiezan a sentir que en el hábitat de una nave no se puede vivir. Se sienten atrapados y su cuerpo y mente empiezan a clamar por algo de libertad, de aire puro, de espacio para moverse con libertad. Por las propias características del entorno, cuando se presenta este síndrome, invariablemente las personas terminan lastimadas. Hay muchos casos documentados en que los pilotos se han arrancado los ojos o se han dado de topes contra la propia nave hasta causarse heridas graves, incluso mortales.

No importa el entrenamiento o lo mucho que los pilotos sepamos de este tipo de afecciones, definitivamente no pensamos en eso cuando nos “embarcamos”, pero es un hecho que decenas de pilotos han muerto o quedado inservibles ante la presión que supone un viaje interestelar.

Uno de los traumas más difíciles de superar es el saber que todas las personas con las que convivimos han muerto. Esto es así invariablemente en los viajes de exploración media y profunda. Se le denomina un viaje de exploración profunda a todos aquellos viajes que superan los 5 pársecs (Un poco más de 16 años luz). Los viajes de exploración de medio alcance son todos aquellos que se verifican en el perímetro de los 50 sistemas estelares más próximos al sistema solar y que en general son de menos de 5 pársecs. Los viajes de corto alcance son aquellos dentro del sistema solar. Tomando en consideración que nuestras naves viajan a 98% de la velocidad de la luz, cada año que estamos en viaje equivale a mas o menos 360 años terrestres, así que invariablemente cuando se viaja en misiones como la mía, a la vuelta de algunas semanas, ya sabemos que todas la personas que dejamos atrás en la Tierra han muerto. Aunque una vez de vuelta,, en la estación Alianza nos regresan a la fecha en la que partimos o incluso algunas naves como la mía pueden hacer la “regresión” a la época de partida, es un hecho que mientras se hace el viaje todos los parientes mueren. Este trauma en algunos pilotos ha provocado trastornos irreversibles de la conducta y la personalidad.

... continuará
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Editado por El Alquimista en 29-marzo-2012 a las 03:22
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  #57  
Viejo 29-marzo-2012, 21:58
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....................................

Editado por Tatiana en 29-marzo-2012 a las 22:00
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  #58  
Viejo 29-marzo-2012, 21:59
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Originalmente publicado por El Alquimista Ver post
Viaje al espacio profundo.

El reloj empezó a sonar con mi hora terrestre en que me debía levantar. Las 8 de la mañana. En realidad en la tierra me levantaba como a las seis de la mañana, pero acá en los viajes interestelares de mediano alcance no hay mucho por lo cual levantarse tan temprano. Las películas de hacía un siglo ya interpretaban los viajes interestelares de muchas maneras. Desde naves con habitats prácticamente terrestres con generadores de gravedad que hacían la vida exactamente igual a la de la Tierra, hasta compactos habitáculos de sueño inducido en los que los humanos son simples sardinas en unas máquinas que lo hacen todo solas.

Por otra parte, por los archivos históricos se que los primeros pilotos de aparatos que salieran de la atmósfera utilizaban trajes inverosímiles que limitaban la movilidad a casi cero, casi como tratar de caminar vistiendo un colchón con todo y box spring. Incluso las primeras cápsulas espaciales en realidad eran unas casi sofisticadas latas de sardinas con controles y funciones muy limitados.
En la actualidad las cosas, pienso yo, son algo intermedio entre el Apollo XI y un USS Enterprise de la Clase Galaxy. Aunque también creo que la Nave Nostromo es un buen referente pero sin el generador de gravedad. Claro que existen los generadores de gravedad pero son más bien un lujo reservado a otro tipo de viajes y a otro tipo de personas.

Yo soy un explorador. De esos jodidos exploradores prescindibles que manejan aparatos menos prescindibles. Todas estas naves están programadas para regresar bajo cualquier circunstancia. Muchos “pilotos” como yo, han muerto en accidentes de trabajo y muchos han quedado locos. La soledad acá es agotadora. La monotonía es agobiante y el aislamiento provoca visiones, alucinaciones. Algunas radiaciones imperceptibles afectan la mente de muchas formas. El Síndrome Álvarez, el Síndrome Spencer o el Síndrome Huan Ho. Todos ellos psicopatías que se presentan regularmente en pilotos y tripulaciones de naves interestelares de exploración profunda o de medio alcance.

El Síndrome Alvarez es una especie de apagón. Algo así como una hibernación que dispara el cerebro al sentir la inmovilidad por mucho tiempo, el silencio, la soledad y condiciones anormales de ingesta de alimentos. Ese dispositivo que se encontraba escondido en alguna parte de la psique humana comenzó a dispararse con regularidad desde los primeros viajes interestelares. En este Síndrome, los pilotos caen en una especie de trance. El cerebro básicamente se “apaga”, las funciones vitales caen a casi cero y la temperatura de los humanos puede rondar los 12 grados centígrados sin sufrir daños fisiológicos. Como si los humanos se volvieran unos malditos sapos congelados. Se descubrió que el cuerpo humano podía “reposar” en este estado hasta tres meses sin ingerir agua o alimentos.

El Síndrome Spencer es una disfunción mental en la que el individuo termina asumiendo sin salida alguna que no existe absolutamente ninguna razón de peso para vivir. Empieza con una depresión profunda por los familiares dejados en la tierra, posteriormente evoluciona a un sentimiento de insignificancia mayúsculo, el individuo en su fuero interno pasa a ser una hormiga en el universo. Se percibe claramente que el universo es tan inmenso y el propio individuo es tan finito y fútil, que no importa realmente lo que uno haga, nada hará la diferencia. Como si fuéramos un grano de arena, una estrella más, una bacteria en la boca de un cocodrilo perdido en el Amazonas. Es decir NADA. En este síndrome las personas dejan de comer y prácticamente se dejan morir. Muchos abrieron las escotillas de las naves pensando que podían dar una amena caminata por el espinazo de la nada. Por eso en vuelos de exploración media como el mío las escotillas vienen selladas por fuera ya que no hay nada que hacer afuera de la nave y sólo serán abiertas por personal de alguna nave nodriza en la que aterricemos.

El último de los síndromes es un el más violento. En este, se produce una especie de claustrofobia que culmina en autolesiones. Las personas empiezan a sentir que en el hábitat de una nave no se puede vivir. Se sienten atrapados y su cuerpo y mente empiezan a clamar por algo de libertad, de aire puro, de espacio para moverse con libertad. Por las propias características del entorno, cuando se presenta este síndrome, invariablemente las personas terminan lastimadas. Hay muchos casos documentados en que los pilotos se han arrancado los ojos o se han dado de topes contra la propia nave hasta causarse heridas graves, incluso mortales.

No importa el entrenamiento o lo mucho que los pilotos sepamos de este tipo de afecciones, definitivamente no pensamos en eso cuando nos “embarcamos”, pero es un hecho que decenas de pilotos han muerto o quedado inservibles ante la presión que supone un viaje interestelar.

Uno de los traumas más difíciles de superar es el saber que todas las personas con las que convivimos han muerto. Esto es así invariablemente en los viajes de exploración media y profunda. Se le denomina un viaje de exploración profunda a todos aquellos viajes que superan los 5 pársecs (Un poco más de 16 años luz). Los viajes de exploración de medio alcance son todos aquellos que se verifican en el perímetro de los 50 sistemas estelares más próximos al sistema solar y que en general son de menos de 5 pársecs. Los viajes de corto alcance son aquellos dentro del sistema solar. Tomando en consideración que nuestras naves viajan a 98% de la velocidad de la luz, cada año que estamos en viaje equivale a mas o menos 360 años terrestres, así que invariablemente cuando se viaja en misiones como la mía, a la vuelta de algunas semanas, ya sabemos que todas la personas que dejamos atrás en la Tierra han muerto. Aunque una vez de vuelta,, en la estación Alianza nos regresan a la fecha en la que partimos o incluso algunas naves como la mía pueden hacer la “regresión” a la época de partida, es un hecho que mientras se hace el viaje todos los parientes mueren. Este trauma en algunos pilotos ha provocado trastornos irreversibles de la conducta y la personalidad.

... continuará
En el Top Alqui.
Hasta que regreses
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  #59  
Viejo 10-abril-2012, 02:53
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Viaje al espacio profundo... Segunda Entrega... es allá el que sigue porque se repitió no se por qué...
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Editado por El Alquimista en 10-abril-2012 a las 02:56
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Viaje al espacio profundo... Segunda Entrega

De todos modos no importa. Somos ratas en pecera. No importa si morimos en el viaje o no. No importa si nos enfermamos ya sea de la mente o del cuerpo, aunque es demasiado difícil. El hábitat está desprovisto de bacterias o virus. Sólo existen las que llevamos nosotros de manera natural en el cuerpo. Aunque cuando uno se deprime es un hecho que el sistema inmunológico se deprime también. Es común que sangren las encías y que cuando uno se talla los dientes para limpiar la placa, sangren más y en ocasiones graves hasta se desprendan pedazos de encía y dientes completos. Pero como decía, no importa. Los “pilotos” de estas misiones vamos a bordo sólo para revisar que los sistemas automatizados funcionen bien y que las secuencias de comandos se ejecuten conforme a los cronogramas. La mayoría de los sistemas son redundantes. Es decir, para cada sistema hay uno igual que lo sustituye en caso de que falle. De todo existen dos menos para los sistemas de soporte de vida. Así que se falla el sistema, invariablemente morimos y la nave regresa solita como si fuera un féretro automatizado. También nuestro trabajo es cambiar los programas de las misiones cuando desde la base se ordena el cambio. Esto sucede cuando cambian los objetivos de la misión. Los viajes son tan largos que las instrucciones en las computadoras de la nave vienen precargadas y si existe alguna contingencia los comandos de instrucciones tardan en llegar a la nave, en algunas ocasiones, literalmente años. Así que cuando llegamos al sector, planeta o estrella que debemos explorar la nave por si sola dispara secuencias de rastreos y prospección remota con toda clase de sensores. Y básicamente son rutinas invariables que ejecuta la nave por si sola.

Los “pilotos” sólo vigilamos que estas secuencias se ejecuten como se debe y en ocasiones calibramos los aparatos para obtener mejores resultados, pero si me preguntan, por lo que yo sé, ha habido más accidentes y misiones fallidas provocadas por los “pilotos” que las provocadas por las máquinas. Así que no se qué diablos hace un “piloto” arriba de estas sardineras. No se mucho de eso, pero creo que tiene algo que ver con especificaciones laborales de algún sindicato.

Mi nave es básicamente una especie de “Velero Estelar” aunque no lo es, pero a nosotros nos gusta pensar que es algo así. Los veleros estelares son una especie de nave que fue probada con éxito en las primeras incursiones a espacio profundo. Pero eran muy lentas, poco maniobrables, difíciles de frenar y de grandes dimensiones que ocasionaban todo tipo de dificultades. Un velero estelar en toda forma es una nave que despliega una gran vela de alrededor de 20,000 metros cuadrados. Esta vela hace cierta resistencia a los fotones que provienen de los vientos estelares y de ahí obtiene su impulso. Entonces, mi nave no es un velero. Pero le decimos velero porque más o menos así me lo imagino. Mi nave forma un gran escudo magnético en la trompa que recoge todos los átomos de hidrógeno interestelar que se le presentan al frente, los ioniza con varios rayos laser que también se encuentran en la trompa, los conduce a la parte trasera y los colisiona para producir una pequeña explosión nuclear. Así que es una especie de estatorreactor. También tiene cuatro pequeños propulsores de combustible sólido que sirven para alcanzar la velocidad crítica de “barrido” de átomos de hidrógeno y otros pequeñísimos propulsores direccionales emplazados a todo lo largo y ancho de la nave. Todo el sistema se rota como un giroscopio, para lograr desaceleración, quedando la cabina siempre en el centro en relativa misma posición, como si fuera una especie de góndola pendiente de un armazón.

La tecnología es simple, como debe de ser cualquier tecnología. A mi me parece algo rupestre, pero funciona. Eso de viajar montado en explosiones nucleares puede sonar terrorífico, pero así es. En un principio se pensó que este sistema podía ser limitado en cuanto a la velocidad que podría alcanzar, pero los resultados fueron sorprendentes. Realmente una de las verdaderas limitantes iniciales era la resistencia del cuerpo humano a la aceleración y a la desaceleración. Se presentaron incidentes al principio de las pruebas en las que literalmente los órganos de las personas eran rebanados por su propio esqueleto, con todo y los trajes y cascos puestos. Así que en un principio, se inician los motores de combustible sólido y alcanzada la velocidad crítica se enciende el estatorreactor. Se empiezan a detonar explosiones nucleares primero cada minutos, después 59 segundos, hasta llegar a detonar cuatro explosiones por segundo. A estas alturas, la nave va viajando tan rápido como las partículas que se desprenden de la explosión nuclear. Es decir, a casi la velocidad de la luz.

A esta velocidad, un choque con algún cuerpo sólido de cualquier tamaño libera tanta energía como la contenida en un tornado de medianas proporciones, así que la góndola es cubierta artificialmente por una gruesa capa de hielo, así que de generarse cualquier impacto con pequeñas partículas, el hielo absorbe toda la energía rompiéndose.

Pero, ¡en fin!, soy una sardina en un velero interestelar. Tengo mucho tiempo para pensar, todo el tiempo que se necesite, todo el tiempo de sobra y de más para pensar cualquier estupidez. Para oir el sonido de mis huesos descalcificándose por la falta de gravedad, para sentir en mi lengua el palpitar de mi propio corazón. Ningún otro sonido. En el espacio no hay sonido alguno. Naaada. En todas esas películas del espacio en donde le montan todo tipo de sonidos a las escenas, están concediéndose muchas libertades porque al no haber un medio en el cual viajen las ondas de sonido, simplemente no hay sonido. No se oye nada. La nave tampoco suena. ¿Cómo es que no se oyen explosiones nucleares a escasos metros de donde estoy ensardinado? Pues por lo mismo y el ambiente que hay en la nave capta poco de lo que está pasando afuera además que el sonido que pudiere haber de cualquier explosión se queda atrás, mucho más atrás. Como sea no se oye gran cosa. En ocasiones se escuchan los monótonos arranques y apagados de compresores de los refrigeradores, compresores de los sistemas de filtrado y reciclado de aire y la estúpida alarma. Lo demás son mis sonidos. Los sonidos que habitan mi cerebro… los sonidos que habitan mis recuerdos. Ahhhh y música. La música que puedo programar en la computadora de la nave.

Aquí los días son en verdad monótonos pero también es el caldo de cultivo idóneo para sembrar y cosechar miedos. Terribles miedos. Además, es un hecho que uno siembra un pequeñísimo miedo y a la vuelta de los días puedes cosechar uno de esos que hacen abrir la escotilla de la nave, sacarse los ojos o dejarse morir por inanición. Aquí los miedos son largos y gordos.

... continuará.
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