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Discusión: ¿Cuando el ser humano adquirió conciencia de que debía adorar a un solo Dios?

  1. #31
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    Predeterminado Re: ¿Cuando el ser humano adquirió conciencia de que debía adorar a un solo Dios?

    Por definición, todo Faraón es hijo de Ra, el principio solar, y Akenatón no reniega de esta afiliación, pero le añade algo inédito: el rey es también hijo de Atón, nacido del ser mismo de Atón, que le concede la soberanía sobre todos los países: “Eres tu quien creas el mundo, -dice el rey a su Dios-, todos te ven reinar en el cielo, nadie te conoce, excepto yo, que soy tu carne, que soy tu hijo”. Atón renueva la creación cada mañana, la naturaleza que se duerme y desaparece con el sol poniente es remplazada por otra naturaleza que se le parece y que, sin embargo, es diferente; Atón empieza por recrearse a si mismo y luego recrea también al rey, su imagen fiel sobre la tierra. “Tu das nacimiento al rey por la mañana –canta un himno Amarniano- al mismo tiempo que tu manifestación; le construyes como tu imagen, al mismo tiempo que el disco, el rey de Rectitud nacido del Eterno.

    Investido de una realeza por el principio divino, según el esquema tradicional, Akenatón es el rey en la tierra, Atón el rey en el cielo; son a la vez el mismo y el otro, el mas allá de lo real; Igual que el cielo durará con lo que contiene –dice un texto de la tumba de Ay hablando del rey-, tu padre, Atón, aparecerá cada día en el cielo para protegerte, porque Él te ha creado. En la pared de la misma tumba (columnas 1 a 5), una oración indica que los rayos de Atón inundan a su hijo, el rey; las manos del sol divino tienden millones de fiestas de regeneración al hijo que ha nacido de Él. Atón ha captado el deseo del corazón del rey, le crea y la ama dotándole de la eternidad. . . . Atón crea cada día al Faraón como su forma, le construye a su imagen y semejanza, ya que el rey aplica la regla de Maat y vive de ella.

    Es preciso subrayar esta idea de “Construcción” por la luz. En todas las épocas, se ha concebido al Faraón como una obra de arte, construido como un templo, modelado en el torno de un alfarero, ideado como una obra maestra por la cofradía de las divinidades; su cuerpo es un templo de los Dioses.

    La grandeza divina de Akenatón queda confirmada por la célebre escena de la tumba real de Tell-al-Amarna, en que contempla la adoración del sol por la mañana; el Faraón acompañado por la reina, se presenta como un hombre de gran estatura, frente a la naturaleza que se despierta y a sus funcionarios que le veneran. No pertenece ya al mundo de los humanos y evoca aquí al “hombre grande”, el “hombre cósmico” que engloba a su pueblo.

    En un bajorrelieve conservado en Cambridge, se ve a Akenatón seguido por un dignatario que ostenta el título de “Profeta”. Esto significa que Akenatón fue divinizado y se le rendía culto, como haría mas tarde Ramses II; marcar la distancia entre el Akenatón terrestre y el principio real celeste, que, durante su reinado, se encarnaba en su persona; como hijo de la eternidad procedente del sol, naciendo de nuevo cada mañana con el sol, Akenatón, en su aspecto divino, podía convertirse en un objeto de veneración de orden ritual, sin ninguna relación con lo que hoy denominamos culto a la personalidad; no se honra de ese modo al individuo Akenatón, sino al Faraón en su esencia divina.

    Pocas esposas de un Faraón han gozado de tanta veneración como Nefertiti; por los lugares donde pasaba causaba una verdadera expectación; había gentes que esperaban días enteros para encontrarse en primera fila y no perderse ni un solo detalle de su imagen; y es que se le consideraba una diosa, acaso mas por su hermosura, la elegancia de sus ropas y la gracias de sus gestos.

    Hoy sabemos que Akenatón y Nefertiti formaban un binomio perfecto, igual que si la soberanía se ejerciera en Egipto de una forma bicéfala. Las estatuas y pinturas localizadas lo demuestran: el matrimonio se coloca en un mismo plano, sin hacer distinciones, y hay casos en los que la reina parece ocupar un lugar privilegiado. Para los seguidores de Atón, Nefertiti encerraba en su persona a todas las diosas desaparecidas, representaba la resurrección; como si en ella se fundieran de una manera muy especial Isis y Neftis. También se se veía en ella a Hator, la divinidad solar. No obstante, eran figuraciones dentro de una creencia monoteísta en la que solo existía un Dios y este era masculino.
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  2. #32
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    Predeterminado Re: ¿Cuando el ser humano adquirió conciencia de que debía adorar a un solo Dios?

    Akenatón terminó eligiendo a Meri-Ra (el amado de Ra) como sumo sacerdote de Atón; lo hizo en el decimo segundo año de su reinado. El culto se había extendido demasiado, lo que llevó a que su máximo representante delegara responsabilidades en un hombre al que consideraba su profeta. Meri-Ra se encargaba del templo principal de Aketatón, organizaba el ceremonial religioso y cuidaba que nada faltara en el mismo. En ocasiones dirigía parte del culto, solo cuando el Faraón se hallaba ausente, porque a este le correspondía celebrarlo en su totalidad; un honor del que nunca prescindió ni cedió a nadie, mientras se mantuvo vivo.

    El rito debía comenzar unos momentos antes del amanecer; los fieles avanzaban en procesión hasta el altar principal, en un largo recorrido por distintas estancias que se consideraban las “aras* secundarias”; llevaban una gran cantidad de provisiones que serían las ofrendas a Atón. Súbitamente comenzaba a escucharse una música muy grata, a la que seguían unos cantos sosegados al principio, que iban incrementando el tono hasta llenarse de júbilo en el momento que asomaban loa primeros rayos solares. Los músicos y cantores de ambos sexos formaban la nueva casta sacerdotal; ellos llevaban los ojos vendados, porque les estaba prohibido contemplar directamente al Dios que empezaba a nacer; mientras que ellas si podían hacerlo, debido a que por su condición de mujeres se hallaban mas cerca del resplandor áureo de Atón.

    La música y el canto eran considerados la mejor forma de recibir al Dios, de ponerse en contacto con el Único, que venía a sembrar la felicidad en la tierra; sin embargo, en el mismo instante que los rayos solares iluminaban una de las paredes del templo, se imponía el impresionante silencio de los fieles sobrecogidos por la veneración. Se estaba recibiendo al Mas Grande, a la Luz, que daría vitalidad a todo el día. Momentos después, Akenatón se dirigía a los presentes con la palabra; lo mismo leía uno de los himnos que ya conocemos o improvisaba una plegaria; en ocasiones pedía a su esposa Nefertiti que le acompañara en el altar, y en otras solicitaba también la presencia de su hija mayor. La llegada de Akenatón y Nefertiti en su carro debía realizarse en la obscuridad, pues faltaban unos minutos para que despuntase en día; se mantenían encendidos algunos fuegos, que iban apagándose conforme aclarase el día.

    Cualquiera de nosotros que haya contemplado en una gran llanura el repunte del alba, con ese juego de morados, carmines y azules que van dorándose, hasta que rompen los destellos solares, al igual que los egipcios de aquellos tiempos, se siente fascinado. Pensemos que Akenatón se encontraba en el desierto, muy cerca del Nilo en cuyas orillas crecían unas grandes palmeras; si a esto añadimos que el templo había sido construido como una inmensa sala de conciertos, en la que los focos mas importantes debían ser los rayos solares ofreciendo su máximo esplendor, podemos suponer que los asistentes debían sumirse en un éxtasis de felicidad.

    Nada mas finalizar la ceremonia religiosa, todo el pueblo iba a su trabajo; La ciudad había sido diseñada para que nadie permaneciera ocioso; lo mismo que el Faraón se ocupaba de las tareas de estado, sus súbditos trabajaban en las plantaciones, sacaban el grano de los silos, iban al puerto en busca de mercancías, se cuidaban de abastecerse de agua, etc.

    *Aras = altares.
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  3. #33
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    Predeterminado Re: ¿Cuando el ser humano adquirió conciencia de que debía adorar a un solo Dios?

    En las excavaciones realizadas en las ruinas de Tell al-Amarna (Aketatón), se ha podido localizar en muchas viviendas unos templos privados (cada una de las casas disponía del suyo), en los que se colocaba una pequeña embarcación, similar a la de los soberanos, cuyos únicos ocupantes eran las figuritas representativas de Akenatón, Nefertiti y la hija mayor de estos; algo que nos permite saber que las gentes terminaron por adorar a la familia real como los máximos representantes de Atón. Pero, también en esos templos privados se colocaban infinidad de estatuillas de los dioses personales, pues los egipcios, en su intimidad, donde no podían ser vistos, adoraron también al Dios o a los dioses que consideró mas favorables a sus propios intereses.

    Lo que sorprende a los arqueólogos es que en esta ciudad de la alegría, no se aprecia ninguna muestra de puritanismo o una cierta austeridad en las viviendas, el ropaje y la alimentación. La mentalidad occidental de los grandes investigadores recordaba todas las demás antiguas comunidades religiosas, en la mayoría de las cuales se imponía el voto de pobreza. Algo que no sucedía en la ciudad del dios Atón. Desde el Faraón hasta el mas sencillo de los habitantes, vestían, comían, se adornaban y disfrutaban de placeres similares a los que se podían encontrar en la corrompida Tebas. También se aceptaba el lujo del lino casi transparente y las joyas como demostración de belleza, lo que se rechazaba era el derroche y el exceso en el goce del placer: no se han encontrado restos de tabernas o cantinas, ni burdeles.

    Por otra parte, la moralidad reinante en Egipto era muy distinta a la nuestra; se permitía la existencia de segundas esposas y concubinas, y los matrimonios podían ser disueltos con relativa facilidad. Esto no impedía que la familia se considerara una institución básica, y que se dieran infinidad de casos en que los esposos querían ser enterrados juntos, una vez que eran momificados, para no separarse en toda la eternidad. En cuanto al trabajo, en Aketatón se trabajaba con gran eficacia, pero nunca hasta el agotamiento físico; sin que nadie lo hubiese impuestos, las gentes establecían unos descansos cada tres o cuatro horas en los que se dedicaban al diálogo, preferentemente para enterarse si los vecinos necesitaban algún tipo de ayuda, o con el propósito de intercambiar información.

    Mientras se charlaba fraternalmente se esperaba la aparición de Nefertiti por el viaducto, o recorriendo los jardines del palacio; una hora mas tarde las familias entraban a comer en las casas, pero siempre en compañía de invitados, porque las puertas de los edificios de la ciudad de Atón nunca se cerraban, al no existir la amenaza de los ladrones, ni conocerse esa fea costumbre del cotilleo o la crítica malsana sobre los gustos y aficiones de los demás. En la mesa del Faraón se comía lo mismo que se hubiera servido en Tebas, excepto las bebidas alcohólicas y los alimentos demasiado grasosos. Lo que no faltaban eran los músicos, las bailarinas y los cantantes de ambos sexos.

    Por la tarde se volvían al trabajo hasta que todos volvían al templo de Atón para celebrar la ceremonia del Sueño de Atón. Este era mas sosegado, se prescindía de la música y del canto, pero no de la palabra de Akenatón; a partir de este momento, las gentes regresaban a sus casas, donde cenaban y se iban a la cama. Las calles quedaban desiertas, pero la policía y los soldados cuidaban de que no apareciesen los enemigos de la noche, a los que jamás se consideró demonios, ni espíritus malignos; por lo general se prevenía el ataque de los Beduinos o de cualquier otra banda de ladrones, que pretendieran robar, mas que el oro y las piedras preciosas que allí se guardaban, las grandes cantidades de trigo y otros cereales que siempre había en los silos de cada casa.
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  4. #34
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    Predeterminado Re: ¿Cuando el ser humano adquirió conciencia de que debía adorar a un solo Dios?

    El cortejo real fuera de Aketatón era todo un espectáculo impresionante y de muy antigua tradición; el Faraón se comportaba de forma muy distinta cuando se hallaba fuera de la ciudad de Atón; seguía respetando el ceremonial de sus predecesores:

    “¡Las trompetas! ¡Las trompetas. . .! ¡El Rey! ¡El Rey!, ¡A tierra! ¡A tierra! ¡A tierra!, proclamaban los heraldos que inclinando sus desnudas espaldas acompasando el paso, apartaban con sus largos bastones a la muchedumbre. Delante marchaba la guardia personal del Faraón, las amazonas Ketheas, de rostro amarillo, ojos rasgados, anchos pómulos y pechos amplios; sus cabezas afeitadas ostentaban en la coronilla un solo mechón, y en sus manos relucía el hacha de cobre de dos filos, el arma sagrada.

    A continuación, iban los dignatarios de la corte: jueces, consejeros, generales, tesoreros, escribas, paneteros, mayordomos, caballerangos, chambelanes, peluqueros, lavanderos, perfumistas. . . Todos vestidos de blanco con delantales cortados en punta y muy almidonados, afeitadas las cabezas, alargadas ovoidalmente mediante un apéndice postizo: los “cohombros reales”. Seguían los turiferarios con sus turíbulos, donde ardían las aromas, cuyo humo subía en una nube blanca que la luz de las antorchas se empurpuraba, y los flabelíferos agitando el extremo de sus largos mangos de los abanicos multicolores de plumas de avestruz y flores naturales.

    Por último veinticuatro adolescentes de Etiopía, negros y casi desnudos, sin mas ropaje que un corto delantal de plumas de papagayo, adornada la nariz con un anillo de oro; portaban sobre sus hombros el trono real de marfil, guarnecido de placas de oro rojo, descansando sobre leones dorados. El Faraón vestía una piel de leopardo sobre sus hombros; una túnica sencilla, blanca y larga, de lino tan transparente –“aire tejido”- que dejaba ver un poco mas arriba del codo, en los brazos , los jeroglíficos del nombre de Atón. En una mano llevaba el cayado sagrado y en la otra el flagelo; tocaba su cabeza una tiara piriforme de “cham” –mezcla de oro y plata-, tachonada de estrellas de lapislázuli, y sobre su frente se erguía enroscada la serpiente solar Uta.

    Muchas fueron las personas comunes que colaboraron con Akenatón en su empresa:

    Los Escultores:

    El escultor Bek, cuyo nombre significa: Aquel que hace vivir, había sido el predilecto de Amenofis III; aprendió su arte en el templo de Heliópolis, donde se adoraba a Ra, el dios solar, y fue uno de los primeros atonianos; su fe en la nueva doctrina de la alegría era tanta, que es considerado junto con el también escultor Tutmosis, uno de los máximos representantes del sublime arte religioso y no religioso de Tell al-Amarna. Ambos, de acuerdo a las enseñanzas del Faraón, dirigieron los talleres de la nueva capital, en los que trabajaban cientos de arquitectos, pintores, escultores y artesanos; todos ellos bien seleccionados para que obedecieran a un programa teológico muy preciso, en el que todos los símbolos dieran fe de la doctrina de Atón.

    En Aketatón se encontraban los mejores escultores; disponían de grandes hornos, que les permitían fabricar y vidriar la cerámica, siguiendo las técnicas tradicionales; no obstante algo debió ocurrir en todos aquellos edificios para que la inspiración de los creadores de estatuas, de vajillas y de otras obras artísticas con piedra caliza, y una gran gama de materiales, diese un cambio tan sorprendente. Es posible que por primera vez los escultores se sintieran reconocidos; ya no eran unos simples artesanos a los que se obligaba a trabajar: “porque lo que se compra nunca puede dejarse a merced de lo que vosotros, farsantes, llamáis inspiración”. Miles de comentarios tan despectivos como este, habían venido sufriendo los artistas. En Aketatón se sintieron animados a crear otras formas, a revolucionar el arte como se estaba haciendo con la religión.

    La representación del Faraón y su esposa adquirió una mayor imaginación, al no estar sujeta al parecido exacto; cierto que en algunas ocasiones lo respetaron hasta sublimizarlo, como en el famoso busto de Nefertiti que se encuentra en el Museo de Berlín. El Faraón dejó de aparecer con una pierna adelantada y la reina con los pies juntos, como era la costumbre ancestral, para ofrecerlos en otras posturas mas naturales: sentados, en un carro semidesnudos y acompañados con sus hijas, haciendo ofrendas a Atón, etc.

    Pero fue al representar el cuerpo femenino cuando el arte de estos grandes escultores alcanzó los techos de lo divino, porque modelaron o esculpieron unas obras que se estaban anticipando a las maravillas de Fidias y los demás artistas griegos del mármol y la piedra en general. . . . .
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  5. #35
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    Predeterminado Re: ¿Cuando el ser humano adquirió conciencia de que debía adorar a un solo Dios?

    Mención aparte merecen los bajorrelieves , aquí los escultores que cambiaron el arte, junto a los demás creadores que vivían en Aketatón, contribuyeron a la gran revolución religiosa, especialmente al presentar las imágenes divinas libres de las imposiciones de los sacerdotes. Además, la libertad creativa permitió la utilización de varios materiales en una misma figura. Por ejemplo, el famoso busto de Nefertiti se realizó con un núcleo de caliza recubierto de yeso, piedra, estuco y escayola; precisamente este último elemento ha permitido saber que los escultores consiguieron, por fin, que sus modelos aceptaran que se realizaran moldes de sus rostros y de sus cuerpos estando vivos. El genial Tutmosis, autor del célebre busto de la reina, fue uno de los privilegiados.

    Otro de los grandes colaboradores de Akenatón fue el Visir Ramosis, que ya había ocupado el cargo en los tiempos de Amenofis III; se le considera el creador de los principales himnos a Atón; cuando se estudia su tumba, lo primero que se advierte es la combinación de los antiguos símbolos tebanos con atonianos; esto nos permite aceptar que la abolición de los dioses no fue radical, como se pretendió en los primeros años del reinado del Faraón renovador; A la larga se aligeró la censura pero solo en las parcelas mas positivas; como el mal se hallaba en las castas sacerdotales, las áreas políticas y administrativas, ahí se mantuvieron. Por eso Ramosis continuó en su puesto, con la salvedad de que se le exigió que todos los asuntos que resolviera, “estuvieran sanos y salvos” . Llevaba en su cuello un doble collar simbólico, que le recordaba el orden cósmico universal: La armonía entre lo teórico y lo realizado.

    La mayoría de los otros importantes colaboradores de Akenatón y Nefertiti, fueron elegidos entre los mas humildes. Cuando se pensó en desencadenar una revolución religiosa, antes fue necesario organizar un grupo de fieles aliados; para conseguirlo debieron seleccionar a algunos que se hallaban en palacio, lo que supone un gran conocimiento de los hombres para saber si estaban tratando con un noble o con un traidor. Una vez elegidos los mas importantes, estos se encargaron de ir buscando a todos los demás; es posible que fuera Ramosis el que aconsejara el encumbramiento de los humildes, esos que siendo tan valiosos como los consagrados, permanecían ocultos en la sombra al no haber sido intrigantes ni aduladores.

    De esta manera se reclutó al maestro de obras Maa-Najt-Tutef, que era capaz de construir los mas espléndidos edificios y le gustaba vivir en una casa sin adornos. A Ahmosis, el jefe de los escribas, lo encontró Nefertiti en una calle de Tebas. De Parennefer, el copero de Akenatón, se desconocen los antecedentes, pero sabemos que jamás se hubiera atrevido a envenenar al Faraón, nadie en la Corte se lavaba tanto como el, ni se cambiaba mas veces de ropa, pues debía ofrecer la imagen de la absoluta pureza.
    Ranefer, otro de los colaboradores de la Corte, había sido competidor muy hábil en las carreras de carros, aunque nunca obtuvo la victoria. Cuando se vio llevando el vehículo real, se comprendió que hubiera dado su vida antes de que el Faraón sufriera el menor daño. Lo mismo podemos decir de Pentu, el médico de palacio, o de Maya, el general de los ejércitos. Todos los altos dignatarios fueron ascendidos desde la nada. Las gentes de Akenatón le adoraban, muchos escritos lo prueban, como quedó en el siguiente escrito de uno de los confidentes del Faraón cuyo nombre se desconoce:

    “Yo era un mendigo que buscaba entre las basuras del puerto de Tebas. El Rey me eligió para construir mi espíritu y mi persona dentro de la religión de Atón. Gracias a el ahora tengo servidores, poseo tierras, me codeo con los grandes y duermo en un blando lecho; pero nunca olvidaré mis humildes orígenes”.

    Se dispone de una estela que resulta mas contundente a la hora de exponer el agradecimiento de los habitantes de la nueva capital de Egipto:

    “El Faraón es un Nilo para todos los hombres y mujeres. El nos proporciona el alimento, ya que se comporta igual que la madre que amamanta al mundo sin nunca agotarse. A todos los que ama no conocen la pobreza, la necesidad y la injusticia.”
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  6. #36
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    Predeterminado Re: ¿Cuando el ser humano adquirió conciencia de que debía adorar a un solo Dios?

    Muchos historiadores y arqueólogos consideran que uno de los hombres que mas influyó en Akenatón fue Ay, su tío, quien también fue uno de los grandes colaboradores de Amenofis III; acompañó a Akenatón pero ya como “Padre Divino”, al ser el dignatario mas importante del país. Suya fue la estrategia para contener la primera sublevación de los sacerdotes; también impulsó la operación de censura, hasta detenerla en el momento que empezaba a írsele de la manos; sin su intervención Tebas jamás hubiera soportado el insulto de que fuese llamada “maligna”, porque volvió a transformarla en el puerto mas importante del país, además de ofrecerle otras prebendas.

    Quizá debamos considerar a Ay mas Atoniano que la propia Nefertiti, y el segundo después de Akenatón; esta condición le permitió obtener infinidad de títulos: el mejor aliado del Dios perfecto, jefe de los escribas reales, general del ejército de carros y comandante de toda la caballería del Faraón; Era el ejecutor material de las órdenes de Akenatón., quien las trasmitía a los demás. La mejor demostración de la importancia del Padre Divino la encontramos en su tumba, en cuyo interior se escribieron la mayoría de los himnos a Atón, como si fuera un verdadero santuario, acaso el último.

    Ay recibió una gran cantidad de recompensas en forma de collares de oro de manos de Akenatón; todas ellas entregadas en ceremonias públicas, y su agradecimiento fue tan profundo que no dudó en pedir a Akenatón este favor eterno:

    “ Concédeme el honor de besar la tierra sagrada por la que pisas, llegar ante ti con las mas generosas ofrendas a Atón, tu padre, en el momento en que le entregues tu Ka. . . . Quisiera que mi humilde nombre fuese pronunciado en el sitio sagrado porque tú lo has permitido, ya que siempre me has considerado tu predilecto, digno de acompañar tu Ka, Así me brindarás los mayores favores en el instante que llegue la vejez. . . .”

    El fiel servidor Ay estaba tan convencido de la autenticidad de la nueva religión, que deseaba acompañar al Faraón hasta la eternidad, porque a su lado confiaba disfrutar la suprema felicidad que merecen quienes han respetado las reglas impuestas por Atón.

    Existe otro hombre, uno de los mas complejos, el general Horemheb que terminaría siendo Faraón; era el militar auténtico, lo que significa que conocía la política y sabía tratar a sus superiores; gran estratega en las batallas fronterizas o lejos de Egipto. Se hallaba ausente en los primeros años del reinado de Akenatón; siguió manteniendo sus tropas en las zonas mas peligrosas, pero a manera de freno. Ignoramos como reaccionó al enterarse de lo que se estaba haciendo con los sacerdotes y con los dioses. Algunos historiadores han reflejado a este personaje como algo brutal, materialista y amigo de buscar la sombra del árbol mas poderoso, por eso no negó su ayuda a Akenatón en el momento en que le fue solicitada; tenía mucho de escriba había obtenido unos grandes conocimientos, acaso tantos como un iniciado en la Casa de la Vida, y era muy atractivo. Por aquellas fechas ni él mismo podía imaginar lo que el destino le reservaba; algo que describiremos en el momento oportuno.
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  7. #37
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    Predeterminado Re: ¿Cuando el ser humano adquirió conciencia de que debía adorar a un solo Dios?

    Las tumbas abiertas en Tell-al-Amarna (Aketatón) aparecieron llenas de referencias a la vida mas dichosa de la capital; mientras los artistas muestran el cortejo real avanzando por las calles, no se olvidan de las gentes, entre las que destaca un arpista ciego, el funcionario que al haber sido recompensado por sus méritos es llevado en hombros. En algunas de las figuras se aprecia una cierta deformidad, quizá para asemejarse a Akenatón, pero son mas las que muestran a las gentes como eran realmente, ejerciendo sus trabajos normales y actuando de una forma espontanea. La imagen mas lógica en una ciudad que vivía de la adoración al sol, cuya luz iluminaba todo lo vivo olvidándose de las tinieblas.

    Una de las mas hermosas representaciones la tenemos con el Faraón en el momento de entregar a Ay y a su esposa una recompensa; la familia real y sus hijas se muestran desnudas, los espectadores mas cercanos parecen brincar de entusiasmo, mientras que esos otros que se encuentran mas lejos expresan su alegría. Tampoco falta el policía que pide a un chiquillo que vaya a comprobar lo que está sucediendo, y dos jóvenes que dejan en el suelo la carga que llevaban para unirse a la celebración.

    El arte estaba avanzado en la búsqueda de lo cotidiano, lejos de lo reverencial, de la mentira; apareciendo como el sol que transmite vitalidad y hace mas espontanea la existencia. Los creadores pretendían transmitir el mensaje de la nueva religión: fuera máscaras, ¡lo que importa es la verdad sonriente!. Con esto Akenatón había logrado sacar del olvido un arte que latía en el pueblo, desconocido oficialmente, que vino a renovar los conceptos de la belleza egipcia.

    En Aketatón la arquitectura no se dejó arrastrar por el gigantismo, ni por la aparatosidad; las gentes que moraban en la nueva capital de Egipto jamás se consideraron unos colosos, ya que esta valoración le correspondía a Atón y al Faraón, como su principal representante y único portavoz e intérprete. Se eligieron para los templos la piedra, el adobe y los zócalos de caliza; su tamaño se achicó y redondeó, aproximando el edificio religioso a una vivienda. Con el empleo de pilares mas bajos el interior se adaptó al nacimiento del sol. En las fachadas se construyeron graciosas columnas , sobre las que se apoyaban galerías y miradores muy vistosos.

    Los fieles debían encontrarse a su gusto, sin ser distraídos por algún artificio; lo que importaba era dejar los edificios religiosos sin techo, con la intención de que entrase el resplandor de Atón en el amanecer o se pudiera contemplar su desaparición en las cercanías de la noche. El arte llegó a los jardines de la viviendas, cuando antes solo estaba reservado para los palacios y los templos; se embellecieron los pórticos de los silos, los quioscos, los pabellones, los estanques, las bodegas, el puerto, los bosquecillos y todos los lugares por donde la gente debía vivir, pescar y dedicar sus plegarias a Atón. La existencia debía ser lo mas grata posible, sin restricciones, como Dios la había creado; allí no existía ningún castigo que penar, y se vivía pensando en la felicidad de la colectividad; un estado de ánimo que facilitaba la creación artística en todos sus sentidos.

    Conviene resaltar que en muchas de estas obras de arte se aprecia un volver a los orígenes del mundo, cuando se suponía que el ser humano era puro, vivía en comunión perfecta con los animales y la naturaleza y no había pensado en doblegarla para convertirla en su servidora. Podríamos hablar de un cierto paraíso, aunque este no se hallara en las tradiciones egipcias; sin embargo de alguna manera Akenatón había adivinado la existencia de una edad de oro, cuando ningún tipo de codicia o egoísmo habían desencadenado la alteración del cosmos, como sucedió mas tarde, en el momento que los hombres se solazaron en el pecado, creyeron que podían desafiar a los dioses y, con soberbia, rompieron la armonía del Universo.
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  8. #38
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    Predeterminado Re: ¿Cuando el ser humano adquirió conciencia de que debía adorar a un solo Dios?

    La pintura en Tell-al-Amarna (Aketaton) se utilizaba para decorar el interior de los edificios y de las tumbas; la mayoría son frescos que representan la normalidad, como puede ser el juego del matrimonio real con sus hijas; las figuras dejan de estar quietas, como se acostumbraba anteriormente, para expresar movimientos no forzados. Esto avivó el dibujo, que con el color adquirió un realismo asombroso; lo cotidiano se había convertido en obra de arte. Algunos críticos han querido ver en esta novedad, dentro de la cultura del antiguo Egipto, una influencia Cretense, y como apoyo de sus razonamientos recuerdan que Amenofis III conquistó la ciudad de Cnosos, que era una de las mas importantes de Creta. Pudo llevarse entre los prisioneros algunos pintores, que mas tarde influyeron en los Egipcios; es cierto que existen similitudes a la hora de representar a los animales, las plantas y los ambientes naturales.

    Lo que aportaron los creadores de Aketatón, mas allá de cualquier influencia externa, fue que no divinizaron al Faraón y a la reina, como tampoco a los demás personajes importantes; los mostraron tal como eran, ya que así lo quería Atón, el Dios que al surgir todos los días deseaba contemplar nada mas que la realidad sin artificios; por eso las deformidades de Akenatón fueron mostradas y, en cierto momento, hasta exageradas en un sentido abstracto.

    Egipto amaba la belleza en todas sus formas; sin embargo, en ocasiones la convertía en amuletos, recipientes para venenos, armas de todas las clases y en tantas otras cosas que evocaban la muerte, la venganza y el miedo. En la ciudad de Aketatón todo esto desapareció, debido a que importaba mas ofrecer una imagen de esperanza. Podemos decir que al disponer de un objeto hermoso lo que buscaban era la sonrisa de la admiración. Por ejemplo, cuando los ebanistas comenzaban a elaborar un joyero, se tomaban la molestia de combinar una serie de materiales, como las maderas de caoba, el marfil, las piedras preciosas y los metales mas valiosos, sin pensar en el tiempo que iban a tardar; lo que importaba era el resultado final.

    Con estas premisas se lograron unas incrustaciones, un cincelado y un ajuste de piezas que jamás se había visto hasta entonces; cualquier mueble, ya fuese una simple cama, una silla o un carro, se trabajaba igual que si fuese una obra única; como se dice vulgarmente en la profesión: “el creador se gustaba”; amaba lo que estaba realizando y se esmeraba por conseguir la perfección; quien disfrutaba de esta labor era un artista dotado de una gran inspiración.

    La ciudad de Aketatón se encontraba en uno de los parajes mas cálidos de Egipto, aunque su temperatura estuviese suavizada por la proximidad del rio Nilo y la habilidad de los arquitectos, al haber planificado una ciudad que aprovechaba muy bien las sombras y las suaves brisas. Lo que exigían los cuerpos era la desnudez, y esto fue lo que encontraron, aunque no fuese total al cubrirse con algunas prendas de lino, por lo general sencillos taparrabos cortados y cosidos con elegancia y sujetos con unos broches. Las mujeres imitaron a Nefertiti cuando se presentó en una recepción con un vestido largo transparente, que dejaba los senos al aire; en otras ocasiones estos solo iban cubiertos con unos encajes que no los ocultaban totalmente. También la siguieron al ponerse grandes pelucas, cuyo pelo montaba sobre sus espaldas y hombros, y se adornaba con sartas de perlas y un sombrero en forma de corona.

    El desnudo se extendió a la servidumbre, como se puede apreciar con los portadores del palanquín real, ya que se limitaban a cubrir su zona viril con un reducido triángulo de tela, a la vez que llevaban una peluca. Por otra parte la belleza de lo artístico se extendió a los adornos de los caballos, a los espantamoscas, a los abanicos y a todo lo que acompañaba a los hombres y mujeres; pero aquello hemos de valorarlo como una necesidad lógica, natural, a la que invitaba la devoción al Dios Atón.
    Por la calle voy tirando la envoltura del dolor
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  9. #39
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    Predeterminado Re: ¿Cuando el ser humano adquirió conciencia de que debía adorar a un solo Dios?

    Otro de los grandes logros del arte de Aketatón fue la literatura, se olvidó el hermetismo reservado para los iniciados en los templos, lo que se pretendía contar, se ofreció en los términos mas sencillos, sin olvidarse de la gracia literaria; tampoco se despreciaron las expresiones del pueblo.

    Si la literatura, en particular la sagrada, debe dirigirse al pueblo, es necesario que pueda ser comprendida; al propio tiempo que se usa la lengua hablada, se robustece mediante el detalle concreto que da la acertada imagen. Esto no constituye una innovación propiamente dicha en la literatura egipcia. Desde el final del imperio antiguo se observa que los escritores , mas que hacer descripciones completas, las sugieren mediante breves imágenes que, acumulándose unas con otras, hacen surgir con extraordinaria agudeza la sensación de vida. Lo nuevo ahora es el estilo que se extiende a los textos sagrados; Los himnos a Atón contienen multitud de imágenes escritas con pocas palabras y se encuentran entre las primeras grandes obras que la poesía egipcia nos ha legado, inauguradas brillantemente durante la época de Amenofis III.

    LA PAZ A PESAR DE TODO:

    Nadie discutía en el interior de Egipto que el Faraón era un ser divino, porque el cargo otorgaba esta condición. Pero en las cortes extranjeras se pensaba de una forma muy distinta; los reyes sometidos al Imperio del Nilo pagaban sus tributos por temor y además, por las ventajas económicas que obtenían; pero su papel inferior resultaba doloroso, y en todo momento se mostraban predispuestos a dejar de estar sometidos. Cuando no provocaban unas duras peleas fronterizas, se dedicaban a interrumpir el paso de las caravanas o asesinaban a un embajador egipcio; también recurrían a la quejas por escrito. Nunca estaban satisfechos.

    Amenofis III se había encargado de apaciguarlos durante una larga temporada, al terminar con esa cadena de “accidentes fortuitos” o “errores lamentables”. Durante los primeros doce años del reinado de Akenatón volvieron a surgir pequeños conflictos, que los ejércitos de las fronteras pudieron ir solventando. Una vez al año todos los soberanos extranjeros entregaban sus tributos al Faraón, en una ceremonia oficial un tanto ritualizada. El escenario que se venía utilizando últimamente era una gran explanada en Aketatón; Allí se montaban tiendas muy espaciosas, unos tronos con baldaquino dorado en una calle muy ancha y despejada.
    El Faraón y la reina, asidos tiernamente de la mano, ven venir hacia ellos a los representantes de los países que reconocen la autoridad del Faraón; Los Nubios, con sus largas faldas traen sacos de oro, ladrillos y arandelas de oro, marfil, leopardos, antílopes, panteras, etc. Los Asiáticos a los que se reconoce por sus barbas rematadas en punta, ofrecen jarrones, armas, escudos, piezas de carros de guerra, un león, caballos, etc. Los habitantes del maravilloso país de Punt son portadores de incienso; los Libios identificables por la pluma hincada en el pelo, traen como regalo huevos y plumas de avestruz. Los Cretenses presentan magníficos y valioso jarrones.

    Pero la anterior ceremonia dejaría de repetirse, porque los tiempos habían cambiado; los reyes aliados llevaban algunos años considerando que Akenatón se hallaba debilitado por su religión, debido a que dentro de su país había un contrapoder en la sombra, los sacerdotes, que esperaban la ocasión para eliminar al “hereje” que se había atrevido a eliminar todo el panteón de dioses egipcios, para que prevaleciese un solo, el cual antes había ocupado un lugar secundario.
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  10. #40
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    Predeterminado Re: ¿Cuando el ser humano adquirió conciencia de que debía adorar a un solo Dios?

    Las primeras evidencias de que se estaba derrumbando el gran imperio, llegaron con un correo muy exigente en el que el rey de Mitanni reclamaba el pago de unas cantidades de oro que le prometió Amenofis III, y que no había recibido por la muerte de este; como una muestra de duelo se impuso una tregua en su demanda, sin embargo, pasados doce años se consideraba con el derecho de reclamar lo que le pertenecía, incluyendo los intereses correspondientes. Akenatón se limitó a responder que no se hallaba en la mejor situación para atender las reclamaciones, por lo que aconsejaba un poco de paciencia, independientemente de que se negó a reconocer la deuda.

    Por estas fechas ocurrió la muerte de Teye, y aunque su pérdida no causó una herida profunda en el ánimo de su hijo, iba a resultar muy grave en otra parcela: la política, lo peor estaba por suceder a la fala de cartas y las intervenciones directas e indirectas de una mujer que conocía perfectamente las ambiciones y debilidades de los reyes aliados, y había sido factor primordial en lo que podemos llamar buenas relaciones internacionales.

    El Faraón que predicaba la Verdad, el Amor y la Fraternidad como norma de vida de los seres humanos, debía ser un pacifista convencido, aunque se rodeaba de unos cuerpos de policía, mantenía al ejército en las fronteras y se había preocupado de frenar cualquier ataque inesperado; pero su actitud había sido preventiva. Se cuenta con varios documentos en los que quedan recogidas una serie de entrevistas que Akenatón mantuvo con el general Horemheb, porque este era partidario de invadir Siria y otros países aliados para eliminar unos focos de rebeldía que se estaban gestando; en todas las ocasiones la respuesta del Faraón fue la misma: “Esperar la evolución de los acontecimientos, sin traspasar las fronteras”.

    A fines del décimo segundo año de reinado de Akenatón, la amenaza de guerra adquirió unas proporciones alarmantes; pero desde la ciudad del Dios Atón, no se dejó de aconsejar la calma. Así lo imponía la religión de la Fraternidad.
    Dushratta rey de MItanni, recrudeció su reclamo del oro que se le debía, y demandó que le fuese pagado de inmediato para fortalecer sus ejércitos, ya que debía contener una rebelión. Sin embargo antes de que llegase esta ayuda, su hijo le asesinó aprovechando una insurrección en palacio. Esto originó un debilitamiento del poder, que fue aprovechado por Artatana, rey de Hurri, y por Assurballit, el soberano de Asiria para invadir Mitanni. La conquistaron en pocas semanas e instalaron un virrey títere. Mientras tanto, los egipcios que vivían en este país, eran desalojados de sus propiedades, con tanta crueldad que muchos de ellos fueron torturados y asesinados con toda su familia.

    En otras épocas estas acciones hubieran sido cortadas en sus comienzos, debido a que los servicios de espionaje de Egipto funcionaban a la perfección; desde siempre se había cuidado de mantener a las tribus enfrentadas, en base al viejo axioma de “Divide y vencerás”, y para lograrlo no importaba resucitar ancestrales agravios entre familias, pagar agitadores, y servirse de tantas otras añagazas.

    Burnaburiash, rey de Babilonia, reclamó insistentemente un préstamo que con anterioridad se había acordado. La importancia de este país era tanta, ya que por el mismo pasaban las grandes caravanas con dirección a los ricos puertos Fenicios, que Akenatón debió satisfacer en parte le demanda; dado que su tesoro andaba un tanto vacio, envió una menor cantidad de la solicitada, suponiendo que con esto calmaría al importante aliado, lo que al parecer consiguió.

    Akenatón se hallaba en una nueva onda; le preocupaba mas el fortalecimiento del culto a Atón. Una vez desaparecida la princesa Teye, se perdieron todas las armas preventivas situadas en los países aliados; y como el Faraón se hallaba obsesionado por mantener la paz a toda costa, aceptó lo sucedido en Mitanni como algo irremediable, y se limitó a ordenar que todos los compatriotas que volvieran a Egipto recibirían una compensación por lo perdido.
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