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Cuéntame un cuento...

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  • #16
    Re: Cuéntame un cuento...

    FABULAS. LAS RANAS Y SU REY






    Hace mucho, muchísimo tiempo, en los días en que el mundo era joven aún, la laguna que existía junto al bosque estaba llena de centenares de ranitas de piel goteada. Corno se habían cansado de su vida en la plácida laguna y ansiaban nuevas diversiones, se reunieron en consejo. Y, ruidosamente, pidieron a Júpiter que ¡es enviara un rey.

    Como Júpiter sabía que eran unos animales estúpidos, sonrió al oir su petición y arrojó un leño a las plácidas aguas.

    —He ahí vuestro rey -—dijo,

    El chapoteo hizo huir con terror, hacia las riberas, a centenares de animalejos verdes. Durante un día y una noche se ocultaron bajo las grandes hojas de la plantas acuáticas que flotaban en la superficie de la laguna y no quisieran acercarse ni a diez saltos de su flamante monarca. Por fin, la más audaz atisbo desde su escondite. Luego, se acercó cautelosamente y observó al rey. Las demás se aventuraron, también, a salir y nadaron con precaución alrededor del leño flotante.

    —Es un rey ridículo —dijo desdeñosamente una de las ranas.

    Y cuando todas vieron que el leño nada hacía ni para ayudarlas ni para causarles dificultadas, empezaron a clamar de nuevo, de manera salvaje, para que les dieran otro rey.

    Esta vez a Júpiter se le había acabado la paciencia.

    —¿Queréis un rey con más vida? —preguntó, severo—. ¡Ahí lo tenéis!

    Y al cabo de un instante, llegó una enorme cigüeña, con una reluciente corona de oro, y comenzó a devorarlas.

    Publicado por el chino en

    (La Carcajada de la Vida)

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    • #17
      Re: Cuéntame un cuento...

      Las cartas del amor

      Eduardo Galeano





      Ellos se conocieron por casualidad, que es como se suelen encontrar los grandes amores, casi siempre por casualidad, por una llamada equivocada, por un encuentro fortuito.

      A ellos lo que les paso fue que él había quedado en aquel café con una persona que no vino, y claro, la vio a ella sentada en la mesa del café, radiante, así que, harto de esperar no se cortó un pelo y dijo: -Bueno, ya que he venido hasta aquí, no puedo desaprovechar esta ocasión.
      Se acercó a la mesa y dijo: -¿Me permite?
      -Por supuesto Esto sólo suele pasar en las historias que te cuentan otros, nunca en la vida real, por lo general cuando dices: -¿Me permites?, dicen -¿De qué?
      A lo mejor ella estaba esperando a alguien que tampoco vino, quién sabe, yo qué sé, habrá que inventar otra historia en la que ella le dice ¿De qué?, en este caso ella lo invito a él para que se sentase, y él se sentó.
      Y claro, no había de que hablar, y: -¿y qué lees?
      Lo malo fue que él no había leído nada del escritor que ella estaba leyendo, y ya mal, empezamos mal, muy mal, por ahí no.
      -Pues bonito día .
      Pero enseguida empezaron a profundizar, por que ella dijo:
      -Sí la verdad es que hace un bonito día Y aunque no lo hiciera.

      Pero poco a poco él fue venciendo esa timidez que le caracteriza y fueron profundizando.
      Al principio él para llamar su atención contó alguna mentira, que si era escritor, luego reconoció que nunca le habían publicado nada, pero eso vino más tarde, cuando ya se conocían más, cuando pasaron del café a la habana con coca cola.
      Por entonces ya estaban descubriendo que tenían más afinidades de las que pensaban al principio, y compartían gustos cinematográficos, y por eso fue que él le dijo: -Oye, y si vamos a ver esta, ¿has visto La vida es bella?
      Y ella:-No-Oye, quedamos el fin de semana-Vale
      Y aquel fin de semana pues, yo no sé muy bien si para sorprenderla o no, pero el caso es que él rompía a llorar en cada escena en la que salía el chaval pequeño, esto a ella le enterneció, yo quiero pensar que era de verdad.

      Resulta que coincidían en más gustos, y también en los musicales, y le dijo: -Oye, este fin de semana toca Ismael Serrano-Ismael ¿qué?-Pero a ti, ¿te gustan los cantautores?
      -Los de verdad me gustan Pero él le convenció a ella y fueron.
      Cuando el empezó a cantar aquella de “Vértigo”, pues se atrevió a cogerle la mano.
      Y poco a poco se fueron inevitablemente enamorando, pero no por esto de Ismael Serrano, ni por el Vértigo, quizá más por aquello de llorar con La vida es bella.
      Una mañana él se levanta y al abrir los ojos se da cuenta de que está perdidamente enamorado de ella, y quedaron entonces en aquel café en el que se conocieron por casualidad.
      Los momentos importantes suelen coincidir casi siempre en los mismos sitios, no estoy muy seguro de lo que acabo de decir, pero es una buena frase.
      Pero fue en aquel café en donde ella le dijo:
      -Sabes, creo que me tengo que ir durante un tiempo
      -Yo te iba a decir casi lo contrario, que te quedaras conmigo para toda la vida, y ella dijo:
      -No te preocupes porque yo estaré esperando el día que vuelva para retomar contigo este camino que emprendimos, además, cada quince días puntualmente te mandaré una carta en la que te contaré todo lo que he hecho, todo lo que siento, todo lo mucho que te echo de menos, y todo lo poco que nos falta para vernos.
      Él dijo que bueno, que vale: -Pero que si no te vas casi mejor, ¿no?.
      Pero se fue.
      Fue entonces cuando descubrió que aquello no tenía remedio y que estaba perdidamente enamorado, que no había ningún elixir que hiciera que la olvidase, que no era cierto aquello de que un clavo saca otro clavo, que a veces es cierto que los amores a primera vista existen, bueno, ¿es que acaso hay otros?

      A los quince días puntualmente llegó la carta de ella, toda llena de besos y de caricias, de te echo de menos, él lloró, y esta vez era de verdad.
      Y guardaba las cartas con mucho cariño encima de la mesilla.
      Pasaron quince días, y otros quince, y otros quince, y otros quince, y las cartas se iban acumulando.
      Y su vida consistía en esperar a que llegara el decimoquinto día, abrir el buzón y encontrar la carta de amor en la que ella prometía volver, esperar esa carta en la que ella le diría que volvía pronto.

      Y pasaron años, muchos años, y ya las cartas casi no cabían en la casa, se compró una gran caja fuerte para guardar todas las cartas, porque eran su gran tesoro, porque vivía para leer las cartas que ella le había escrito, porque ella era lo que más quería, y así pasaron creo que diez años, quince, no me acuerdo.
      Y un día ella, sin saber como ni porqué, dejó de escribir, y al quince día él se encontró el buzón vacío, y el alma partida en dos.
      Ahora solo podía vivir del recuerdo, leyendo las cartas que ella le había escrito con tanto cariño, aquellas cartas eran su mayor tesoro.

      Un día él salió de casa, porque tenía que salir, y unos ladrones entraron en su casa.
      Al ver allí la gran caja fuerte no se lo pensaron dos veces, porque pensaron que debía esconder algún gran tesoro, grandes riquezas, y realmente no era. Y se llevaron la gran caja fuerte.
      Imagínate la desolación de nuestro protagonista cuando llega a su casa y se da cuenta que le han robado lo que más quería, lo que le hacía sentirse vivo algunas tardes de domingo cuando no sonaba el jodido teléfono, cuando releía aquellas cartas y aquellas promesas quién sabe si falsas.

      Suele pasar que los ladrones son buenas personas, y este era el caso.
      Pero imagínate la cara de los ladrones cuando abren la caja fuerte y se encuentran montones de cartas de amor, declaraciones imposibles.
      El jefe de los ladrones se enfadó un poquito, pues la caja pesaba, y llevarla a la guarida no era moco de pavo.

      Nuestro hombre vagaba casi moribundo por las calles de su ciudad, con la esperanza de encontrar alguna carta, o a alguien que le hablara de una gran caja fuerte llena de cartas, perdido sin saber ya qué hacer.
      El jefe ladrón lo que dijo es que aquellas cartas lo que había que hacer era tirarlas al río o quemarlas, lo que fuera, pero que desaparecieran de inmediato.
      Pero el más joven de los ladrones era más bueno, y se le ocurrió una gran idea.
      Un día, nuestro hombre llegó a casa después de estar buscando toda una tarde, y al abrir el buzón ¿Adivina lo que se encontró?… Una carta.

      Los ladrones habían decidido mandarle las cartas tal y como ella se las había mandado, puntualmente cada quince días, por riguroso orden.
      Ahora él resucitaba con la esperanza de revivir aquellos momentos, aquellos momentos en los que quizá un día leería la carta en la que ella diría:
      -Pronto estaré allí

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      • #18
        Re: Cuéntame un cuento...

        Y 20 o 30 años después seguía siendo...
        Y colorin colorado ese cuento realmente se acabó.

        Señor dios del tiempo, me ha retrotraido en imágenes.Fueron mis barrios también .
        Viví en la Colonia del valle (Eugenia ,Adolfo Prieto, Amores)hasta que me fui acercando a Coyoacan.

        Realmente yo no sé por qué en esos años no se me ocurrió tener una bici?

        (carro nunca! ni los del super, ni los chocones de las ferias, ahi no choco y en los del super me estrello con los anaqueles, rezagos de años ha´haberme estrellado dos veces en el intento de aprender a conducir y hace poco en Guadalajara llevarme las bardas (los topes)en la parte trasera de una cruz verde.
        Asi que colgué las llaves... con los vituperios de mi yerno que me pagó otra vez las clases de manejo).

        Volviendo al cuento...

        Vivia en Coyoacan y trabajaba en la Guadalupe Inn.Sobre Insurgentes, frente a Radio Mil(años 70´s)
        Me iba en taxi (baratíiiiiiiiisimos) y regresaba caminando.
        Caminaba hasta el Hipocampo, rodeaba los Viveros y entraba por Francisco Sosa, compraba pan(teleras y empanadas de piña) en la panadería de la Plaza y seguía, por Morelos (?) hasta Gomez Farías.
        Ese viaje diario era de por si un paseo.

        Me gusta caminar, no por deporte sino por placer, por sitios bonitos, con árboles o por cerros, o la playa.
        Y Coyoacán era y es, aunque diferente, hermoso, era más pueblerino ahora lo siento snob.

        Y en mi trabajo, los miércoles de tianguis, todos salíamos aunque era poco glamoroso hasta la esquina de Jaime Nuno (?)a comernos unos tacos de barbacoa con el vasito de consomé.

        Eran épocas en las que uno podía caminar por el D.F. a la hora que sea, tranquilamente.

        Con decirle que mi afición a las muñecas antiguas me llevó, años despues cuando ya habían nacido mis hijas a ir hasta Tepito, entrando por la Calzada de la Viga, donde vaciaban sus carretas los pepenadores, a cachivachear.
        Y en contrapunto tambien iba a Polanco a un Tianguis que se ponia en una Glorieta,los sábados, de puras antiguedades.Y encontré cosas bellas y no caras.- Ese es el chiste de los coleccionistas (bueno era mi "quest")

        Bueno el D.F. maravilloso, tiene razón es una utopía que ya fue.

        Aunque le diré que, en el 2010 fui dos veces y en el 11 una; y lo encontré maravilloso, limpio (estuve en el Centro y fui a Taxqueña a buscar libros viejos) me sacó de onda el tarjeterío para atravesar el D.F. en el Metrobus pero la verdad me encantó.
        Claro lo que ha cambiado horrores es Insurgentes Sur, ganó en modernidad, en comercio pero perdió identidad, belleza y tranquilidad, para mi gusto.

        Todavía no se acaba el año, estoy en mis marcas.
        Me gustaría pasear en Bici por el D.F.
        Yo creo que en alguna de mis otras vidas debo haber sido Chilanga porque es el sitio donde me he sentido más "en mi lugar".

        También debo haber sido China y tal vez Judia en la época del Holocausto.
        Ya se que me fui por las ramas, simplemente para comentar lo que me motiva en estos dos últimos casos y me conmociona.

        Pero volviendo al cuento que acabó, pero que siempre está presente en la memoria intelectual y sentimental de los que estuvimos inmersos en ese momento del cuento.
        Gracias por esa cápsula del tiempo.
        Fue un breviario revitalizador en este domingo.
        Tatiana
        Forista Opalo
        Last edited by Tatiana; 26-agosto-2012, 09:44.

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