Una defensa...
Una súplica rápida
y perdonarme la vida.
Una defensa del alma,
que se atasca en la salida
y va entorpeciendo el aire,
el que el cuerpo no respira.
Rasga la piel, y desnuda
se apodera del destino
que no oye ni los pasos
ni las lágrimas perdidas.
Unas voces repetidas
que marcan los territorios,
con sus palabras vacías...
y una fórmula compleja
entre tu y yo cada día.
Se acabaron los abrazos
que marcaban los inicios,
de ser dioses sin medidas.
- Augusta Santana Hernández
Una súplica rápida
y perdonarme la vida.
Una defensa del alma,
que se atasca en la salida
y va entorpeciendo el aire,
el que el cuerpo no respira.
Rasga la piel, y desnuda
se apodera del destino
que no oye ni los pasos
ni las lágrimas perdidas.
Unas voces repetidas
que marcan los territorios,
con sus palabras vacías...
y una fórmula compleja
entre tu y yo cada día.
Se acabaron los abrazos
que marcaban los inicios,
de ser dioses sin medidas.
- Augusta Santana Hernández

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