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MEXICO. UN PAIS EXTREMADAMENTE RELIGIOSO... ¿Y no tanto?
Re: MEXICO. UN PAIS EXTREMADAMENTE RELIGIOSO... ¿Y no tanto?
"La más alta ocasión que vieron los siglos"
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Como lo recuerda el Martirologio Romano en esta fecha, San PÃo V ordenó, en 1572, que se conmemorase anualmente a Nuestra Señora de las Victorias para obtener la misericordia de Dios sobre su Iglesia, para agradecerle sus innumerables beneficios y, en particular, para darle gracias por haber salvado a la Cristiandad del dominio de los turcos en la victoria de Lepanto.
El motivo o la ocasión de la Solemnidad de este dÃa fue uno de los más grandes favores que recibió la Cristiandad por la poderosa intercesión de la Madre de Dios, en tiempos en que los turcos, orgullos de sus grandes conquistas que hacÃan cada dÃa sobre los cristianos, propusieron apoderarse de toda Europa, y enarbolar su media luna sobre la cúpula de la iglesia de San Pedro en la capital del cristianismo y del mundo.
HacÃa más de un siglo que los turcos amenazaban la Cristiandad. El año 1521 se apoderó Solimán II de la plaza de Belgrado; en 1522 se hizo dueño de la isla de Rodas; y pensando ya únicamente en dilatar sus conquistas hasta donde se extendÃa su ambición, entró en HungrÃa en el año 1526; ganó la batalla de Mohacs; se apoderó de Buda, de Pest, de Gran y de algunas otras plazas; penetró hasta Viena de Austria; tomó y saqueó Tauris; y por medio de sus generales rindió por las armas otras provincias de Europa.
Su hijo y sucesor, Selim II conquistó la isla de Chipre en el año 1571; puso en el mar la más numerosa y más formidable armada jamás vista.
La salvación de la Cristiandad dependÃa de un triunfo en una sola batalla.
El Papa San PÃo V, aliado del Rey de España Felipe II y de la República de Venecia, les declaró la guerra. Don Juan de Austria, que llevaba el mando de la flota, recibió órdenes de trabar batalla lo más pronto posible y, por eso, al saber que la flota turca se encontraba anclada en el golfo de Lepanto, fue allà a atacarla.
Estaban los turcos anclados cuando tuvieron aviso de que los cristianos, saliendo del puerto de Corfú, venÃan a echarse sobre ellos a velas tendidas.
TenÃan tan bajo concepto de la armada cristiana, que nunca creyeron tuviese atrevimiento a presentarles el combate. SabÃan a punto fijo el número de navÃos de que se componÃa; pero ignoraban que venÃan a pelear bajo la protección de la SantÃsima Virgen, en quien tenÃan colocada toda su confianza; y por eso quedaron extrañamente sorprendidos cuando fueron informados de que la armada naval de los cristianos habÃa ganado ya la altura de la isla de Cefalonia.
Superiores en tropas y en navÃos, levantaron anclas para cerrarles el paso con intención de cortarlos y de envolverlos; de manera, que ni uno solo escapase para llevar la noticia de su derrota.
El encuentro ocurrió el 7 de octubre de 1571. En aquel instante, en todo el mundo las cofradÃas del Rosario oraban con confianza. Los soldados de Don Juan se pusieron de rodillas para implorar el auxilio del Cielo y, aunque eran muchos menos, empezaron el combate.
Apenas se dejó ver la armada otomana, comandada por HalÃ-Bajá, cuando la armada cristiana, que con tÃtulo de GeneralÃsimo mandaba Don Juan de Austria, hermano natural de Felipe II, rey de España, juntamente con Marco Antonio Colona, general de la escuadra pontificia, levantando un esforzado grito, invocó la intercesión de la SantÃsima Virgen, su soberana protectora.
Se hallaban las dos armadas a distancia de doce millas, cuando se dio la señal de combatir, y se enarboló el estandarte que los dos comandantes habÃan recibido en Nápoles de parte de Su Santidad. Apenas se descubrió la imagen de Cristo crucificado, que estaba bordada en el estandarte pontificio, cuando le saludó toda la armada con grandes gritos de alegrÃa; y haciendo señal a adoración, todos los oficiales y todos los soldados adoraron de rodillas la imagen del Crucifijo: espectáculo verdaderamente tierno, religioso y varonil ver al oficial y al soldado armados para pelear a los pies de Jesucristo, implorando su asistencia para vencer a los infieles por intercesión de su Madre, la SantÃsima Virgen, cuya imagen se veneraba a bordo de todas las embarcaciones.
No bien hubo la armada cristiana, inferior en todo a la armada otomana, reclamado públicamente el auxilio de la Madre de Dios, cuando el viento que arrojaba los navÃos turcos sobre la flota cristiana cambió milagrosamente en un momento, y le entró de popa a toda la armada cristiana.
El general de los turcos fue muerto a bordo de su navÃo, que fue tomado. Perdieron los turcos más de treinta mil hombres; hicieron los cristianos cinco mil prisioneros, entre los cuales se hallaron los dos hijos del general HalÃ, y se hicieron dueños de ciento treinta galeras; más de noventa se estrellaron contra la tierra, y se fueron a pique o fueron abrasadas. Más de veinte mil esclavos cristianos recobraron la libertad, y la armada cristiana apenas perdió quinientos hombres.
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